Gianni Infantino, presidente de la FIFA desde 2016, se enfrenta a una creciente presión en medio de una crisis que ha sacudido al organismo rector mundial del fútbol. En el centro de la controversia están dos destacados críticos: Laura McAllister de Gales y Lise Klaveness de Noruega, ambos miembros del Comité Ejecutivo de la UEFA y las únicas mujeres en ese cargo. Su oposición vocal al liderazgo de Infantino ha provocado discusiones más amplias sobre la futura dirección del fútbol mundial y si una mujer podría dirigir la organización.
La crisis se deriva del intento fallido de Infantino de impulsar la creación de una empresa privada llamada FIFA Football Enterprises (FFE), que administraría los derechos de los principales torneos y operaría bajo inversión de capital privado.
McAllister, quien propuso un boicot a los eventos de la FIFA durante una reciente reunión de emergencia de la UEFA, argumentó que la agitación actual refleja problemas de gobernanza más profundos dentro de la organización. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instó a Infantino a reconsiderar el llamado. Para McAllister, el conflicto también se trata de proteger los valores fundamentales del fútbol.
Ambas mujeres argumentan que el fútbol debe seguir siendo accesible para todos, desde jugadores de base hasta las élites, y debe llegar a todos los rincones del mundo, independientemente de su condición económica. Se oponen a la idea de que el capital privado compre el deporte y advierten contra la interferencia política en la forma en que se dirige el juego. De las 211 asociaciones miembros de la FIFA, solo 10 están dirigidas actualmente por mujeres, incluida Klaveness. Cualquier desafío a la presidencia de Infantino requeriría el apoyo de asociaciones fuera de Europa, y aunque Klaveness y McAllister han ayudado a liderar la resistencia, McAllister advirtió que no se debe forzar el tema del liderazgo femenino.
Mientras tanto, Infantino ha sido acusado de hacer movimientos polémicos para asegurar el respaldo político para su reelección. Según informes de The Times, supuestamente ofreció a Marruecos la oportunidad de organizar la final de la Copa Mundial 2030 a cambio del apoyo público. Marruecos, junto con España y Portugal, será co-anfitrión del torneo, y la final es un deseo clave para la nación anfitriona. Sin embargo, Madrid también está buscando organizar la final, con el estadio Santiago Bernabéu como el principal contendiente. Si estas acusaciones resultan ciertas, la decisión sobre la ubicación final pasaría de criterios puramente deportivos y organizativos a una batalla por la influencia política dentro de la FIFA.
Los intentos de Infantino de mantener el poder también han atraído críticas de otros líderes. El príncipe Ali bin Al Hussein, presidente de la Asociación de Fútbol de Jordania, afirmó que Infantino había tratado de ejercer presión sobre su federación para asegurar el apoyo a su nuevo mandato. Estas acusaciones añaden otra capa de complejidad a una situación ya volátil. La relación de Infantino con España se ha deteriorado, con sus frecuentes visitas a Marruecos y estrechos vínculos con el rey Mohammed VI, así como conexiones con figuras como Donald Trump, el emir de Qatar y el príncipe Salman de Arabia Saudita, debilitando la influencia de España.
El primer ministro español, Pedro Sánchez, se reunió por última vez con Infantino hace más de un año, y Infantino no ha visitado España desde que Luis Rubiales dejó la presidencia de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). España espera que la final se celebre en el Bernabéu, pero la creciente desconfianza en los procesos de la FIFA y las tensas relaciones con Marruecos han hecho que esto sea incierto. La situación general sigue siendo incierta, con conflictos internos dentro de la FIFA que complican los esfuerzos para resolver el problema.
Recientemente se ha reunido con líderes en Colombia, donde recibió el apoyo de varias federaciones sudamericanas, incluidas Argentina, Paraguay, Venezuela y Ecuador. Sin embargo, la pregunta sigue siendo si conserva suficiente apoyo para sobrevivir a la próxima votación en marzo. A medida que el debate sobre el liderazgo de Infantino se intensifica, el papel de la UEFA se vuelve cada vez más crítico. Si la UEFA mantiene su postura y se une con otras organizaciones, incluidas Ucrania, Rusia, Israel, Irán y Oriente Medio, podría afectar significativamente el resultado.
La próxima Copa Mundial Femenina Sub-20 en Polonia el 5 de septiembre servirá como una prueba crucial de la determinación de la UEFA, ya que sus equipos miembros decidirán si participan en el evento.
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