Según un equipo de investigación, los insectos con sacos de aire descienden a la zona de muerte del lago Malawi. La observación se realizó cuando las larvas de mosquitos huyen de los peces hambrientos hundiéndose en aguas más profundas. Esta estrategia de supervivencia es ayudada por sacos de aire compuestos de un material que tiene aplicaciones potenciales en medicina. El lago Malawi, el noveno lago más grande del mundo, se extiende aproximadamente 560 kilómetros a lo largo de las fronteras de Tanzania, Mozambique y Malawi. Conocido por su rica diversidad de especies de cíclidos, las profundidades del lago ocultan dinámicas ecológicas únicas. Los peces, impulsados por el hambre, se aprovechan de las larvas de mosquitos, que han desarrollado un mecanismo de defensa inteligente.
Estas larvas, pertenecientes a la familia Chaoboridae, pueden sumergirse a sí mismas utilizando estructuras especializadas que se asemejan a submarinos en miniatura. Se esconden en aguas más profundas durante el día para evitar la depredación y regresan a áreas más poco profundas por la noche para reponer sus reservas de oxígeno y cazar pequeños zooplancton. Su comportamiento de alimentación implica capturar presas con apéndices similares a antenas que recuerdan a las patas de araña.
Evan McKenzie, un zoólogo de la Universidad de Columbia Británica, dirigió un equipo internacional que investiga estos movimientos diarios. Para monitorear las larvas, instalaron sistemas de sonar en el fondo del lago, que tiene una profundidad promedio de unos 300 metros. Además, recogieron muestras para examinar su anatomía interna. La investigación publicada en la revista Science describe cómo estas larvas poseen cuatro pequeños sacos de aire como parte de su sistema respiratorio. El intercambio de oxígeno ocurre a través de la piel, lo que les permite soportar períodos de bajo oxígeno al almacenarlo dentro de los sacos de aire.
Estas estructuras permiten a las larvas regular la flotabilidad, controlando si suben o se hunden en función de los cambios en el volumen de los sacos de aire. Los sacos de aire están construidos a partir de una proteína flexible llamada resilina, conocida por sus notables propiedades. Encontrada en las articulaciones de muchos insectos, la resilina proporciona fuerza y elasticidad. Por ejemplo, ayuda a las abejas a levantar cuerpos pesados en vuelo y permite a las libélulas batir sus alas sin cansancio sin fatiga. En el caso de Chaoborus edulis, los sacos de aire basados en resilina permiten a las larvas ajustar su flotabilidad alterando el nivel de pH del fluido que recubre las paredes del saco. Esto les permite moverse verticalmente dentro de la columna de agua con precisión.
Los investigadores observaron que esta adaptación es crucial para su supervivencia en las condiciones extremas de la zona de muerte. Los hallazgos destacan las intrincadas adaptaciones de los organismos acuáticos a las presiones ambientales. Al estudiar tales mecanismos, los científicos esperan obtener información sobre los principios de ingeniería biológica que podrían inspirar nuevos materiales y tecnologías.
El trabajo continúa a medida que los investigadores buscan comprender más sobre los procesos fisiológicos subyacentes a estas notables estrategias de supervivencia.
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