El Papa Francisco se dirigió a los ciudadanos de San Marino durante su visita a la pequeña república, instándolos a rechazar los proyectos políticos que sirven a los ídolos y el poder. Hablando desde la Basílica, enfatizó la necesidad de caminar con mayor convicción por el camino del Evangelio en medio de un mundo marcado por conflictos, violencia, miedo y división.
El Papa subrayó que la verdadera libertad se realiza a través de la donación, la comunidad, el encuentro y el diálogo. Según el Papa, en la visión cristiana, la libertad y la comunión se mantienen juntas o se desmoronan.
El Papa hizo referencia a los mártires de la libertad a lo largo de la historia, aquellos que se mantuvieron firmes en sus convicciones a pesar de la adversidad, y los describió como testigos de la libertad auténtica, derivada de ser hijos de Dios. Citando a Santo Tomás Moro, patrón de los gobernantes y políticos, expresó admiración por las personas que permanecen fieles a sus conciencias, incluso en circunstancias desafiantes. El Papa también llamó la atención sobre la posición única de la República de San Marino como un pequeño estado donde la política puede servir más directamente a su pueblo. Lo describió como un "laboratorio" para una gobernanza efectiva, donde la proximidad a los ciudadanos fomenta una democracia más tangible.
Esta idea fue repetida por el presidente italiano Sergio Mattarella, quien dio la bienvenida a la presencia del Papa en San Marino, señalando que las profundas raíces cristianas del país y las antiguas instituciones lo convierten en un faro de esperanza. Mattarella declaró que la presencia constante del Papa en las comunidades, tanto grandes como pequeñas, inspira confianza en el futuro, especialmente en tiempos en que el orden internacional enfrenta amenazas de potencias más fuertes. El Papa enfatizó además que la libertad debe ir acompañada de un compromiso con la paz, la dignidad y el bien común. Criticó la erosión del derecho humanitario, que, según dijo, a menudo se ignora o pisotea.
Su mensaje resonó con el contexto más amplio de las tensiones globales, donde los conflictos y las divisiones amenazan la estabilidad de las naciones. Al visitar San Marino, una nación conocida por su resiliencia y sus vínculos históricos con el cristianismo, el Papa reforzó la relevancia de los fundamentos espirituales y éticos en la formación de sociedades justas. Sus comentarios fueron recibidos calurosamente por funcionarios locales y ciudadanos por igual, muchos de los cuales vieron en sus palabras un llamado a defender los principios de justicia, compasión y unidad. Al concluir su discurso, el Papa reiteró su creencia en el poder transformador de la fe y la responsabilidad de los líderes de actuar de acuerdo con la verdad y la conciencia.
La visita, sugirió, ofreció una oportunidad para reflexionar sobre cómo los pequeños Estados pueden modelar los ideales democráticos e inspirar a las naciones más grandes hacia objetivos compartidos de paz y solidaridad.
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