El 26 de agosto de 2026, una inundación catastrófica azotó la región fronteriza entre Nepal y el Tíbet, dejando al menos 97 muertos y casi 900 trabajadores desaparecidos. El desastre se desencadenó cuando una enorme pared de barro y roca se derrumbó en el río Trishuli, provocando una poderosa oleada de agua que devastó aldeas e infraestructura a lo largo de la frontera del Himalaya.
El Servicio Geológico aclaró que el temblor fue en realidad causado por el colapso de la roca glacial y el hielo en el valle. Este evento provocó una repentina y violenta liberación de agua, barriendo la región con tal fuerza que casas enteras, carreteras y proyectos hidroeléctricos fueron destruidos.
Entre las víctimas se encontraban cientos de visitantes extranjeros, muchos de los cuales estaban en peregrinación al sitio sagrado Kailash Manasarovar en el Tíbet. Según funcionarios del ministerio de turismo de Nepal, aproximadamente 400 turistas estaban desaparecidos, con alrededor de 340 de ellos de nacionalidad extranjera. De estos, 133 eran de la India, 47 de los Estados Unidos, 34 de Australia, 33 del Reino Unido y 24 de Canadá. La escala de participación internacional subraya el significado global de la tragedia, lo que provocó respuestas diplomáticas urgentes. El Departamento de Estado de Estados Unidos confirmó la conciencia de los ciudadanos estadounidenses afectados por las inundaciones y se comprometió a monitorear su estado.
Los sobrevivientes relataron experiencias desgarradoras durante el desastre. Un hombre, Keshav Prasad Baral, describió ver su casa engullida por el deslizamiento de tierra mientras su esposa era arrastrada. Logró subir a la azotea antes de ser rescatado por un helicóptero varias horas más tarde. Otro sobreviviente describió aferrarse a un árbol de mango mientras su lugar de trabajo desaparecía bajo las aguas de la inundación. Estos relatos destacan la devastación personal causada por el evento, ya que las familias perdieron a sus seres queridos y las comunidades se enfrentaron a un desplazamiento generalizado. El impacto del desastre se extiende más allá de la pérdida humana.
El daño a la infraestructura ha interrumpido las economías locales, particularmente en el sector hidroeléctrico, que anteriormente había sido una piedra angular del crecimiento económico de Nepal. Con cientos de trabajadores desaparecidos, la industria enfrenta un futuro incierto. Mientras tanto, persisten las preocupaciones sobre nuevas inundaciones, ya que los expertos advierten que la lluvia adicional y el derretimiento de la nieve podrían provocar más desastres en la región. La frontera entre Nepal y el Tíbet, ya vulnerable debido a su terreno montañoso y patrones climáticos, sigue en riesgo. En respuesta a la crisis, las Naciones Unidas han desplegado equipos para ayudar con los esfuerzos de socorro, proporcionando recursos esenciales y coordinando con las autoridades locales.
La emisora estatal de China informó que tres personas murieron y otras 265 estaban desaparecidas en la región tibetana de Gyirong, aunque las cifras exactas aún están en verificación. Corea del Sur también señaló que ocho de sus ciudadanos nacionales estaban entre los desaparecidos, lo que agrega otra capa de complejidad internacional a la emergencia humanitaria que se está desarrollando. A medida que continúa la búsqueda y las consecuencias a largo plazo del desastre se vuelven más claras, el enfoque sigue siendo garantizar la seguridad y la recuperación de los afectados.
★
Mantengamos las noticias honestas.
ObjectiveNews se financia con los lectores y no tiene anuncios: te mostramos el sesgo en lugar de ocultarlo. Apoya el periodismo independiente por 4 €/mes.
Hazte suscriptor