Las reservas europeas de gas han alcanzado sus niveles más bajos desde 2009, con las instalaciones de almacenamiento llenas a solo el 57 por ciento de su capacidad, muy por debajo de los niveles habituales en esta época del año. Esto se produce en medio de crecientes preocupaciones sobre posibles picos de precios antes del invierno, impulsados por tensiones geopolíticas y interrupciones en la cadena de suministro. La situación ha generado alarmas entre los analistas de energía y los responsables políticos de todo el continente, particularmente en Alemania, que posee casi el 20 por ciento de la capacidad total de almacenamiento de la UE. El nivel actual de reservas de gas marca una fuerte disminución en comparación con los años anteriores.
En 2024, en el mismo momento en el verano, las reservas se llenaron en alrededor del 85 por ciento, mientras que el año pasado se situaron en aproximadamente el 69 por ciento. El déficit de este año se atribuye a varios factores, incluida la guerra en curso en Irán y el bloqueo casi total del Estrecho de Ormuz, a través del cual pasa aproximadamente una quinta parte de los envíos globales de gas natural licuado (GNL). Desde principios de marzo, las entregas de Qatar se han interrumpido significativamente, lo que ha elevado los precios de gas europeos de unos 30 euros por megavatio-hora a más de 50 euros. Alemania enfrenta desafíos particulares, con sus reservas de gas llenas solo en un 47 por ciento.
Esta cifra es monitoreada de cerca porque el país posee una parte sustancial de la capacidad de almacenamiento de la UE y podría ayudar a las naciones vecinas durante la escasez. Sin embargo, Berlín hasta ahora ha optado por no intervenir directamente en el mercado, por temor a nuevos aumentos de precios. En cambio, se deja a las empresas privadas administrar el reabastecimiento de reservas de forma independiente. La Unión Europea también está lidiando con una mayor competencia por los envíos de GNL, especialmente de China, que se ha convertido en un jugador importante en el mercado mundial de gas. Esta competencia aumenta la presión sobre los países europeos que intentan asegurar suficientes suministros para la próxima temporada de invierno.
Mientras tanto, a pesar de la prohibición de las importaciones de GNL de Rusia que entrará en vigor en enero de 2027, las importaciones europeas de Rusia han aumentado en un 11 por ciento en la primera mitad del año. Los analistas advierten que las tensiones continuas podrían elevar aún más los precios del gas europeo, con algunas estimaciones que sugieren que podrían alcanzar hasta 100 euros por megavatio-hora. Los bajos niveles de reservas han provocado nuevos temores sobre la seguridad energética y la posible volatilidad de los precios en los meses de invierno. Los expertos en energía destacan que la combinación de la reducción de la oferta de fuentes tradicionales y el aumento de la demanda de los mercados emergentes como China complica los esfuerzos para estabilizar los precios.
La situación se agrava aún más por la incertidumbre que rodea el futuro de las exportaciones de gas ruso, dada la inminente prohibición y las tensiones políticas existentes entre Rusia y Occidente. En respuesta a estos acontecimientos, los funcionarios en Francia han expresado su preocupación por el impacto potencial en los hogares y las empresas a medida que se acerca el invierno.
A medida que avanza el verano, la atención se centrará en la eficacia con la que los países europeos pueden aumentar sus reservas de gas antes de los meses más fríos. La participación del sector privado es fundamental, pero también será crucial el papel de los gobiernos nacionales para facilitar el acceso a fuentes de energía alternativas y diversificar las cadenas de suministro.
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