Científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) están investigando los riesgos potenciales para la salud planteados por el gas sulfuro de hidrógeno liberado durante la descomposición de las algas marinas a lo largo de las zonas costeras de Quintana Roo. El estudio se centra en los residentes que viven cerca de las playas donde se han acumulado grandes cantidades de algas marinas, lo que genera preocupaciones sobre la exposición a largo plazo al gas tóxico. La investigación comenzó con la evaluación de los impactos para la salud de los trabajadores que eliminan manualmente las algas marinas de las costas en Puerto Morelos, Playa del Carmen y Mahahual. Estas personas estuvieron expuestas a altos niveles de sulfuro de hidrógeno, que se ha relacionado con problemas respiratorios y de salud.
Ahora, los científicos están ampliando su investigación para incluir a las comunidades cercanas, con el objetivo de determinar hasta dónde se propaga el gas y sus efectos en los no trabajadores que viven cerca de estas zonas de acumulación.Rosa Rodríguez, investigadora del Instituto de Ciencias Marinas y Limnología (ICMyL) de la unidad Puerto Morelos de la UNAM, explicó que ya se han instalado nueve sensores fijos en áreas residenciales cercanas a la costa para monitorear las concentraciones de gas.Estos dispositivos están diseñados para operar de forma autónoma y evitar el vandalismo.La colocación de sensores en los hogares tiene como objetivo capturar datos sobre cómo disminuyen los niveles de gas con la distancia de la costa.
Rodríguez señaló que estudios previos en Martinica sugieren que el sulfuro de hidrógeno puede viajar hasta dos kilómetros de la costa. En Quintana Roo, sin embargo, algunas casas se encuentran a solo 40 metros de los sitios de acumulación de algas, lo que genera preocupación por el aumento de la exposición este año debido a mayores volúmenes de algas. Los investigadores están monitoreando si las concentraciones de gas han aumentado de manera similar. Los residentes de las áreas afectadas han informado de molestias físicas, incluidas dificultades respiratorias y síntomas gastrointestinales, lo que lleva a algunos a buscar asesoramiento médico. Además, las plataformas de alquiler de propiedades han visto una disminución en las reservas debido a la presencia de algas en descomposición, lo que afecta a las economías locales.
El acceso a las playas y al océano también se ha convertido en un desafío en las regiones donde las algas se acumulan en gran medida. Esta fase del estudio es parte de una iniciativa más amplia financiada por el gobierno de Canadá a través de la Universidad de Victoria y realizada en colaboración con la Universidad de São Paulo en Brasil. Se basa en investigaciones anteriores realizadas en Martinica y otras islas del Caribe francés, donde se observaron preocupaciones de salud similares entre las poblaciones que viven cerca de los depósitos de algas.
Los registros médicos mostraron un aumento de ciertos síntomas, particularmente respiratorios, neurológicos y gastrointestinales, en el grupo expuesto a niveles más altos de sulfuro de hidrógeno. Este hallazgo subraya la necesidad de una mayor investigación sobre las implicaciones a largo plazo para la salud de los residentes en Quintana Roo. Rodríguez enfatizó que, si bien los estudios iniciales se centraron en los trabajadores que manejan algas, la fase actual busca comprender el impacto más amplio en la salud pública.
El objetivo es establecer umbrales seguros para la concentración de gas e identificar poblaciones vulnerables. La instalación de nuevos sensores continúa, con planes para expandir la red para cubrir más ubicaciones. Los científicos esperan recopilar datos integrales que informen las políticas de salud pública y guíen los esfuerzos para mitigar los riesgos asociados con la descomposición de las algas marinas. A medida que avanza el estudio, el monitoreo continuo seguirá siendo crítico para comprender la situación en evolución.
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