El comercio ilegal de restos humanos momificados plantea serios riesgos para la salud, según una nueva investigación que destaca los peligros que enfrentan los coleccionistas y los trabajadores postales que manipulan dichos artículos. El estudio, publicado en el International Journal of Cultural Property, advierte que el creciente mercado global de partes del cuerpo antiguas, incluidas las manos, los pies y las cabezas, es una "verdadera maldición" debido a la presencia de microbios dañinos y sustancias tóxicas utilizadas en la preservación. Los investigadores analizaron 128 listados en línea en plataformas de redes sociales, sitios de comercio electrónico y casas de subastas, revelando ventas generalizadas de restos momificados con poca consideración por la seguridad.
Muchos de estos artículos mostraban claros signos de descomposición biológica, sin embargo, los vendedores rara vez proporcionaron advertencias o medidas de protección. Los hallazgos sugieren que el comercio opera en gran medida en secreto, a menudo a través de canales ilícitos, y que los participantes son en gran medida inconscientes de los peligros potenciales a los que se enfrentan. Entre los artículos más comúnmente vendidos se encontraban partes aisladas del cuerpo, particularmente manos y pies, seguidas de momias completas o parciales, incluidas cabezas. Más de la mitad de los especímenes examinados eran cabezas en diferentes estados de conservación, que van desde momias completamente intactas hasta cráneos con tejido blando o cabello.
Algunos de estos artículos se originaron en prácticas indígenas, como las tsantsas creadas por el pueblo Shuar del norte de Perú y el este de Ecuador. Estos métodos tradicionales involucran procesos químicos y físicos complejos, algunos de los cuales incluyen metales pesados tóxicos como arsénico, mercurio y plomo. El estudio señala que los restos momificados pueden albergar microorganismos latentes capaces de propagarse a través del aire cuando se perturban. Este riesgo fue resaltado por casos históricos, como la muerte de 10 de los 12 científicos de conservación que abrieron la tumba del rey Kazimierz IV de Cracovia en Polonia durante la década de 1970.
Del mismo modo, se cree que las formas graves de aspergilosis causadas por la inhalación de esporas contribuyeron a la muerte de Lord Carnarvon, el principal financiador de la excavación de la tumba de Tutankamón en Egipto. La doctora Kirsty Squires, profesora de bioarqueología humana en la Universidad de Staffordshire, que colaboró en la investigación, señaló que muchos comerciantes parecen no tener conciencia de los riesgos asociados.
Por otra parte, los residentes del barrio Guadalquivir en Coria del Río, España, han estado sufriendo problemas de salud relacionados con la contaminación de hidrocarburos de una gasolinera cercana operada por Zamarrilla Inversiones. Durante casi dos décadas, los lugareños han reportado síntomas como problemas neurológicos, insomnio y cáncer, atribuidos a la exposición prolongada a gases tóxicos. A pesar de las repetidas quejas y acciones legales, las autoridades aún no han proporcionado una resolución satisfactoria, dejando a las familias en un estado de angustia continua. Estos incidentes subrayan el problema más amplio de amenazas ambientales y de salud planteadas tanto por la contaminación industrial como por el comercio ilegal de materiales peligrosos.
Si bien un caso se refiere a artefactos históricos y otro a contaminación industrial moderna, ambos ponen de relieve la necesidad urgente de reglamentos más estrictos y de una mayor concienciación pública.
★
Mantengamos las noticias honestas.
ObjectiveNews se financia con los lectores y no tiene anuncios: te mostramos el sesgo en lugar de ocultarlo. Apoya el periodismo independiente por 4 €/mes.
Hazte suscriptor