Una gran finca agrícola en Ávila, España, jugó un papel crucial en la desaceleración del peor incendio forestal en la historia del país, evitando una propagación incontrolable. El incendio, que quemó más de 50.000 hectáreas, se contuvo en parte debido a la gestión estratégica de la tierra por la finca histórica conocida como El Quexigal. Ubicada cerca de la ciudad de Cebreros, esta propiedad ha estado bajo gestión agroforestal continua durante más de dos décadas, lo que le permite actuar como una barrera natural contra las llamas. Ferran Dalmau, un ingeniero forestal y técnico de respuesta de emergencia desplegado durante el incendio, enfatizó la importancia del enfoque de gestión de la finca.
Según Dalmau, la clave radica en administrar el combustible estratégicamente dentro de áreas específicas para que los incendios forestales se encuentren con interrupciones en la continuidad y pierdan fuerza. Este método, explicó, va más allá de simplemente limpiar bosques, implica la creación de paisajes con estructuras variadas que limitan la propagación del fuego. El Quexigal, una vez propiedad del rey Felipe II y considerado una de las propiedades rurales más lujosas de Europa en el siglo XIX, tiene un rico trasfondo histórico.
Originalmente administrada por monjes, la finca producía aceite, vino, miel y alimentos, junto con madera de su abundante cubierta de árboles, incluido el árbol quejigo, del cual el área recibe su nombre. Hoy en día, la propiedad se utiliza para múltiples cultivos, y se están realizando planes para transformar el palacio en un hotel de lujo, actualmente en construcción. El propietario actual de la finca, Carlos Escorial, señaló que la tierra ha sido objeto de tala forestal planificada, limpieza periódica de maleza, eliminación de combustibles finos y eliminación de árboles muertos. Estos esfuerzos han mantenido una densidad controlada de vegetación y asegurado que todos los caminos sigan siendo accesibles.
La propiedad cuenta con varios cortafuegos, áreas donde la vegetación y los materiales combustibles se reducen o eliminan, para dividir la tierra en sectores. Escorial explicó que estos cortafuegos fueron fundamentales para contener el fuego, ya que tres de los cuatro puntos de entrada fueron bloqueados, limitando el daño a más de 200 hectáreas. La finca está situada junto al río Sotillo, también conocido como el Río de las Palizas, y cerca de la confluencia con el río Cofio. Dalmau, que fue testigo de los esfuerzos de contención, describió cómo los bomberos aprovecharon el paisaje estructurado de la finca para anclar sus operaciones y ralentizar el avance del fuego.
A diferencia de los bosques abandonados, el terreno de El Quexigal incluye pastos, cultivos, senderos y una estructura diversa que reduce la continuidad del material combustible. A medida que la intensidad del fuego disminuye, Dalmau señala que las condiciones permiten una lucha contra incendios más segura y efectiva, incluso permitiendo métodos de ataque directo que de otro modo serían demasiado peligrosos en otras regiones.
El profesor Antonio Jordán López, experto en ciencias del suelo de la Universidad de Sevilla, señala que el clima mediterráneo, caracterizado por veranos secos y temperaturas cálidas, crea condiciones altamente inflamables.
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