Dolores del Castillo, bioquímica y científica alimentaria del Consejo Nacional de Investigaciones de España (CSIC), ha desafiado las suposiciones comunes sobre los alimentos naturales durante un seminario en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Del Castillo, que lidera el Grupo de Ciencias Biológicas de los Alimentos del CSIC, enfatizó que muchos conceptos erróneos sobre la salud persisten en el discurso público.
Además, aclaró que los alimentos naturales no son automáticamente más nutritivos que los procesados, desafiando la creencia generalizada de que el procesamiento siempre disminuye el valor nutricional. El seminario abordó preocupaciones más amplias sobre la seguridad alimentaria y la nutrición, especialmente en tiempos de dificultades económicas. Del Castillo señaló que el aumento de los precios de los alimentos a menudo conduce a un acceso reducido a dietas diversas y de alta calidad.
Un foco clave de la discusión fue la creciente amenaza de enfermedades transmitidas por los alimentos. Según los datos presentados, las enfermedades relacionadas con los alimentos causan más de un millón de muertes anualmente en todo el mundo. Estos incluyen casos leves como náuseas y condiciones graves que conducen a enfermedades crónicas o la muerte. Del Castillo destacó la importancia de mantener la higiene en toda la cadena alimentaria, desde lavar las verduras con soluciones similares a blanqueadores en el hogar hasta procesos industriales controlados que garantizan la seguridad sin comprometer el sabor o la nutrición. También destacó los peligros asociados con las tendencias de los alimentos crudos, como comer sarro o carpaccio.
Aunque estos platos pueden atraer a los gustos gourmet, conllevan riesgos inherentes debido a la posible contaminación microbiana. Aunque algunas bacterias son beneficiosas para la flora intestinal humana, otras pueden causar daño si dominan cepas dañinas. Del Castillo explicó que el cuerpo alberga casi dos kilogramos de microorganismos, que juegan un papel vital en la digestión y la inmunidad, pero su equilibrio debe mantenerse. La conversación reflejó cambios sociales más amplios hacia el rechazo de la producción industrial de alimentos. Sin embargo, Del Castillo advirtió contra la oposición absoluta a la tecnología, señalando que el procesamiento regulado garantiza la seguridad sin sacrificar la integridad nutricional.
Argumentó que la comida en sí misma no es inherentemente buena ni mala; más bien, el problema radica en cómo las personas la consumen en el contexto de la dieta y el estilo de vida en general. Una sola comida indulgente, por ejemplo, podría no plantear un problema si se ajusta a los límites diarios recomendados. Pero la dependencia habitual de opciones altamente procesadas o poco saludables puede socavar gradualmente el bienestar a largo plazo. En su opinión, una alimentación sostenible y saludable requiere diversidad y moderación.
A medida que los sistemas alimentarios evolucionen, el equilibrio entre la tradición y el conocimiento científico seguirá siendo esencial para promover el bienestar individual y la seguridad alimentaria mundial.
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