Un creciente cuerpo de evidencia sugiere que los diagnósticos médicos para las mujeres a menudo se basan en los síntomas observados en los hombres, lo que lleva a diagnósticos erróneos y al retraso en el tratamiento. Este problema ha generado preocupación entre los profesionales de la salud y los investigadores que argumentan que la ciencia generada a través de tales prácticas es fundamentalmente androcéntrica, lo que significa que prioriza las experiencias masculinas mientras descuida las formas únicas en que las mujeres experimentan la enfermedad.
Según María Teresa Ruiz Cantero, profesora de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Alicante, este enfoque conduce a la invisibilidad de las pacientes femeninas. Por ejemplo, al estudiar los ataques cardíacos, los investigadores suelen centrarse en síntomas como el dolor en el pecho que se irradia al brazo izquierdo, un patrón ampliamente asociado con los pacientes masculinos. Como resultado, los síntomas más variados de las mujeres, que incluyen fatiga, dificultad para respirar, náuseas y dolor de espalda o mandíbula, a menudo se pasan por alto o se malinterpretan.
Las mujeres que experimentan estos síntomas pueden ser diagnosticadas incorrectamente con ansiedad o estrés en lugar de una condición potencialmente mortal. Anna Pujol, médica y miembro del Grupo de Trabajo sobre Salud Integral de la Mujer dentro de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), destaca cómo esta desalineación afecta la práctica clínica. Explica que muchas mujeres que sufren de enfermedades cardiovasculares presentan síntomas diferentes a los de sus contrapartes masculinas, sin embargo, estas diferencias rara vez se consideran en los protocolos de diagnóstico.
Históricamente, la medicina ha asumido que todos los cuerpos funcionan de manera similar, lo que lleva a una falta de comprensión sobre cómo las enfermedades se manifiestan de manera diferente en las mujeres. Ruiz Cantero aclara que no es que las mujeres informen los síntomas de manera diferente, sino que la enfermedad se expresa de maneras distintas.
Carme Valls, una médica e investigadora especializada en el sesgo de género en medicina, señala que la comunidad científica ha ignorado durante mucho tiempo los desafíos de salud que enfrentan las mujeres. Señala que históricamente, la principal causa de muerte entre las mujeres a nivel mundial ha sido la enfermedad cardiovascular, sin embargo, la investigación en esta área ha sido mínima. Sin una investigación adecuada, las estrategias de prevención siguen siendo inadecuadas, dejando a las mujeres vulnerables a enfermedades prevenibles. Se están haciendo esfuerzos para abordar estas disparidades.
Estos programas buscan integrar una perspectiva de género tanto en la investigación como en la práctica clínica, asegurando que las preocupaciones de salud de las mujeres reciban la atención que merecen. Ruiz Cantero y su equipo están llevando a cabo un estudio en seis comunidades autónomas para examinar cómo los enfoques basados en el género afectan la precisión del diagnóstico. Sus hallazgos tienen como objetivo proporcionar información procesable que podría conducir a un mejor reconocimiento de los síntomas de las mujeres y a mejores resultados para los pacientes.
Los profesionales de la medicina hacen hincapié en la necesidad de una formación que incorpore una lente de género, que permita a los profesionales reconocer y responder adecuadamente a las diversas formas en que las mujeres experimentan la enfermedad.Hasta que tales medidas se apliquen ampliamente, persistirá la brecha entre los modelos médicos centrados en los hombres y las realidades de la salud de las mujeres.
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