La creatina ha sido durante mucho tiempo un tema de fascinación y controversia, evolucionando de un suplemento de nicho utilizado principalmente por los atletas a uno de los compuestos más investigados en la fisiología humana. En los últimos años, sus aplicaciones se han expandido mucho más allá del gimnasio, con evidencia emergente que sugiere beneficios potenciales para la función cognitiva y las enfermedades relacionadas con la edad. El viaje del compuesto desde el laboratorio al uso general comenzó en la década de 1990, luego de que varios atletas que compitieron en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 lo hubieran utilizado. Desde entonces, más de 1,000 estudios clínicos han examinado sus efectos, lo que lo convierte en uno de los auxilios ergogénicos más validados científicamente disponibles.
La creatina es un compuesto natural sintetizado en el hígado, los riñones y el páncreas a partir de los aminoácidos arginina, glicina y metionina. El cuerpo produce aproximadamente un gramo por día, que se almacena predominantemente en el músculo esquelético, lo que representa aproximadamente el 95% de las reservas totales, con cantidades más pequeñas que se encuentran en el cerebro, el hígado y los riñones. Esta producción endógena significa que la creatina no es completamente ajena al cuerpo, aunque la ingesta dietética puede influir significativamente en los niveles. Los alimentos ricos en creatina incluyen carne roja y pescado, mientras que las personas que siguen dietas basadas en plantas a menudo tienen reservas de creatina más bajas, lo que potencialmente mejora su respuesta a la suplementación.
El mecanismo principal a través del cual la creatina mejora el rendimiento físico implica su papel en el metabolismo energético. Durante el ejercicio intenso, el trifosfato de adenosina (ATP), la moneda energética primaria de las células, puede agotarse. El fosfato de creatina actúa como un depósito de energía rápido, donando un grupo de fosfato para regenerar el ATP casi instantáneamente.
Según Ana de la Torre, una médica deportiva de la clínica CEMTRO, esta mayor capacidad de contracción sostenida conduce a una mayor masa muscular con el tiempo, lo que a su vez mejora la función corporal general, la fuerza y la capacidad de manejar esfuerzos repetidos.
Rodrigo Luis Di Gregorio Sieira, nutricionista de Personal Diet, señala que si bien hay un creciente interés en estos efectos neurológicos, la evidencia actual aún no los respalda de manera concluyente. Además de los beneficios cognitivos y físicos, la creatina ha demostrado ser prometedora para mitigar las afecciones relacionadas con la edad. Una revisión narrativa de 2025 que analizó a poblaciones no atletas encontró que la creatina puede ayudar a prevenir trastornos relacionados con la edad relacionados con la disminución muscular, incluida la sarcopenia, la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Huntington, las enfermedades cardiovasculares y otras afecciones degenerativas.
Estos hallazgos resaltan el potencial del compuesto como herramienta para promover un envejecimiento saludable, aunque se necesitan más investigaciones para confirmar estos resultados. A medida que el entendimiento científico de la creatina continúa evolucionando, también lo hace su aplicación en la vida cotidiana. Lo que una vez fue visto como un suplemento para culturistas está siendo cada vez más reconocido como un compuesto versátil con amplios beneficios para la salud. Ya sea en el contexto del entrenamiento atlético, la mejora cognitiva o la atención médica preventiva, la creatina sigue siendo un tema de exploración y debate en curso dentro de las comunidades médicas y científicas.
Es probable que su futuro dependa de la investigación continua y de la validación de nuevas aplicaciones terapéuticas.
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