El terremoto, el más fuerte en Colombia en décadas, devastó el corazón caficultor del país, reduciendo edificios enteros a montones de escombros y dejando a las comunidades en desorden. El terremoto se produjo cerca de la ciudad de Torres del Limonar, un suburbio de Cali, donde un complejo de apartamentos colapsado se convirtió en un punto focal de la operación de rescate.
El martes, más de 20 personas habían sido sacadas de las ruinas, y tres más rescatadas en condiciones más difíciles. A pesar del progreso, la búsqueda seguía siendo peligrosa, y los rescatistas informaron que las grandes multitudes de voluntarios y espectadores inicialmente obstaculizaban sus esfuerzos.
Para hacer frente a estos desafíos, la policía impuso medidas de control más estrictas alrededor del sitio, dirigiendo a los voluntarios a roles específicos que ayudaron a agilizar el proceso de rescate. Entre los que esperaban ansiosamente noticias estaba Marcela Pérez, cuya hija de 11 años y sus abuelos se creía que estaban atrapados en el edificio. "Hemos estado aquí desde el lunes esperando que la niña sea rescatada, y también para sus abuelos", dijo Pérez. "Su historia refleja el costo emocional del desastre en las familias que han perdido a sus seres queridos o permanecen en el limbo. El impacto del terremoto se extendió mucho más allá de Cali.
En Pereira, una importante ciudad productora de café, el número de muertos alcanzó los 101, con muchas comunidades indígenas en la región de Choco que permanecen sin servicios esenciales como electricidad y agua limpia. La Federación Nacional del Café, trabajando junto con las autoridades locales, evaluó el daño a las granjas y la infraestructura rural, destacando las implicaciones económicas más amplias del desastre. Mientras tanto, el recién inaugurado presidente, Abelardo De La Espriella, visitó las regiones afectadas, prometiendo apoyo financiero para quienes perdieron sus hogares.
Rosa González, dueña de un negocio local, relató cómo ella y su esposo escaparon por poco del colapso de su casa de huéspedes, con su bebé de 10 meses rescatado a salvo. Describió el caos cuando el edificio se derrumbó, y señaló que ocho personas sobrevivieron a la terrible experiencia. Su cuenta, compartida ampliamente en línea, subrayó el trauma personal experimentado por muchos. En todo el país, el terremoto dejó a miles de personas sin hogar, y las familias se vieron obligadas a esperar a que las autoridades locales determinen si sus hogares estaban estructuralmente sanos. Los refugios para mascotas pidieron donaciones de alimentos y suministros médicos, lo que refleja la creciente crisis humanitaria.
En Cali, los residentes cocinaron en las calles y rescataron pertenencias de los restos, demostrando resistencia en medio de la devastación. Sin embargo, la situación era sombría en otros lugares, con la morgue de la ciudad abrumada y las autoridades luchando para manejar la afluencia de víctimas. El daño a la infraestructura fue extenso, con seis aeropuertos, incluidos Quibdo, Pereira, Manizales, Armenia, Cartago y Buenaventura, cerrados debido a preocupaciones estructurales. Se informó de docenas de carreteras dañadas, complicando los esfuerzos de socorro. En la región de Choco, donde muchas comunidades carecen de servicios públicos confiables, la interrupción de la electricidad, el agua y las telecomunicaciones exacerbaron aún más la crisis.
La asistencia de Estados Unidos tenía como objetivo apoyar tanto el alivio inmediato como la recuperación a largo plazo, reconociendo el potencial de desplazamiento prolongado y dificultades económicas. Mientras tanto, la comunidad científica global trazó paralelos entre el desastre actual y los eventos pasados, como el terremoto de Kumamoto de 2016 en Japón, donde el calor extremo agravó los desafíos de las operaciones de rescate. Los científicos advirtieron que el aumento de las temperaturas podría hacer que las respuestas futuras a los desastres sean aún más complejas, ya que las enfermedades relacionadas con el calor y la reducida eficiencia operativa amenazan tanto a los sobrevivientes como a los rescatistas.
En Cali, las multitudes aplaudieron cuando los rescatistas sacaron con éxito a una mujer de los escombros, llevándola en una camilla. Tales casos ofrecieron un breve respiro de la desesperación que asaltaba a la nación. Sin embargo, la realidad de la situación seguía siendo grave, con cientos de personas desaparecidas y miles que necesitaban atención urgente.
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