Un agujero negro supermasivo en el corazón del cúmulo de Perseo ha sido observado en erupción en rayos X, seguido de una potente explosión de emisiones de radio aproximadamente 300 días después. Los hallazgos, basados en casi dos décadas de datos del Telescopio de rayos X Swift de la NASA combinado con el monitoreo de radio, revelan un vínculo previamente no observado entre el disco de acreción del agujero negro y los chorros que emite. La investigación, enviada al servidor de preimpresión arXiv el 13 de agosto y programada para su publicación en Astrophysical Journal Letters, se centra en NGC 1275, la galaxia más brillante del cúmulo de Perseo.
NGC 1275 es un sistema dinámico y complejo, marcado por filamentos gaseosos extendidos y signos de una fusión galáctica en curso. Estas características lo convierten en un tema ideal para estudiar cómo los agujeros negros regulan sus galaxias anfitrionas a través de la interacción de sus discos de acreción y los chorros de alta energía que lanzan. Sin embargo, los estudios anteriores se han enfrentado a desafíos debido a las capacidades de observación limitadas. El Observatorio de rayos X Chandra, aunque es altamente sensible, carece de la frecuencia necesaria para monitorear los cambios rápidos en NGC 1275.
Sarah Ketchum de la Universidad de Michigan dirigió un equipo que analizó casi 20 años de datos de rayos X de Swift para rastrear la variabilidad a largo plazo de NGC 1275. Identificaron la llamarada de rayos X más intensa jamás registrada en la galaxia, comenzando alrededor de febrero de 2023. Durante este período, el brillo de rayos X de la galaxia aumentó en un factor de aproximadamente dos. La llamarada duró menos de 60 días y consistió en al menos dos episodios separados, cada uno de solo cinco días. Los investigadores exploraron varias causas potenciales de la llamarada, incluido un evento de interrupción de marea, donde una estrella que pasa es destrozada por la gravedad del agujero negro.
Estos eventos suelen seguir un patrón de desvanecimiento predecible, pero la llamarada observada disminuyó más lentamente de lo esperado. Basándose en esta discrepancia, el equipo concluyó que era poco probable que el evento fuera una interrupción de marea. En cambio, propusieron que la llamarada resultara de fluctuaciones en la tasa de alimentación del agujero negro o perturbaciones más a lo largo del propio chorro.
Sin embargo, los investigadores reconocen la incertidumbre con respecto a la ubicación exacta de la emisión. Mientras que algunas llamaradas pueden provenir de una corona emisora de rayos X cerca del agujero negro, otras podrían surgir más lejos a lo largo de la trayectoria del chorro. Uno de los aspectos más intrigantes del descubrimiento es el retraso de 296 días entre la llamarada inicial de rayos X y la posterior emisión de radio. Los científicos creen que esta brecha refleja el tiempo requerido para que la energía o el material se propaguen desde la región emisora de rayos X cerca del agujero negro hasta la parte emisora de radio del chorro.
En términos más simples, el retraso puede indicar el movimiento físico del material expulsado de la vecindad del agujero negro a regiones más alejadas en la estructura de chorro. Esta observación proporciona nuevos conocimientos sobre los mecanismos que rigen la actividad del agujero negro y la formación de chorros. La comprensión de tales procesos es crucial para desentrañar cómo los agujeros negros supermasivos influyen en la evolución de sus galaxias anfitrionas. El estudio destaca la importancia de las campañas de monitoreo de múltiples longitudes de onda a largo plazo, que pueden capturar fenómenos raros y transitorios que los telescopios individuales podrían perder.
Las observaciones futuras tendrán como objetivo refinar la línea de tiempo de la llamarada y sus consecuencias, potencialmente arrojando más luz sobre la intrincada dinámica de la acreción del agujero negro y la producción de chorros.
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