Las muertes en las prisones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) alcanzaron un nivel récord en 2026, según un informe recientemente publicado por Human Rights Watch. Este hallazgo se basa en un análisis detallado realizado en colaboración con Physicians for Human Rights, que abarca un periodo de tiempo extenso y revelador. De acuerdo con el informe, entre el 20 de enero de 2025 y el 4 de junio de 2026, se reportaron 52 muertes bajo custodia del ICE, lo cual representa un aumento significativo en comparación con períodos anteriores.
Este número marca un punto crítico en la historia de las estadísticas de mortalidad en los centros de detención migratoria de Estados Unidos. La tasa de mortalidad alcanzó niveles récord, superando incluso los registrados durante el pico de la pandemia de COVID-19. Durante el primer año de la pandemia, se reportaba en promedio una muerte cada 20 días, pero durante el primer año de la segunda administración de Donald Trump, la frecuencia aumentó a una muerte cada nueve días. La tasa de mortalidad durante el primer año completo de la pandemia fue de 8,3 por cada 10.000 detenidos, mientras que en los tres primeros meses de 2026, la tasa llegó a 8,4 por cada 10.000, lo que indica una tendencia preocupante.
El informe destaca que el aumento en las muertes coincide con una expansión notable de la población detenida y con cambios en los sistemas de supervisión del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Estas modificaciones han tenido un impacto directo en la calidad de vida y la seguridad de los detenidos. Además, se encontraron evidencias de negligencia en la atención médica, incluyendo retrasos en el tratamiento de pacientes con condiciones graves. Los investigadores señalan que estos problemas están relacionados con la sobrecarga del sistema de detención, la falta de recursos adecuados y la debilidad en los mecanismos de supervisión interna.
Un aspecto clave del informe es el impacto del hacinamiento en las condiciones de los centros de detención. Desde enero de 2025, la población en estas instalaciones aumentó un 77%, llegando a más de 71.000 personas. Esta sobreocupación ha generado presión adicional sobre los servicios médicos, afectando tanto la higiene como la atención diaria. Los autores del informe destacan que la mayoría de las muertes ocurrieron en centros donde la población excedió los promedios históricos, lo que sugiere una correlación directa entre la densidad de personas y el riesgo de muerte.
Además, el informe examina cómo los cambios en los organismos encargados del control interno del DHS han influido en las tasas de mortalidad. Se menciona la reducción o eliminación de oficinas responsables de recibir denuncias, revisar fallecimientos y supervisar el cumplimiento de estándares. Esta disminución en la transparencia y la vigilancia ha permitido que ciertos problemas permanezcan ocultos, contribuyendo al aumento de las muertes evitables.
A medida que se avanza hacia 2027, las organizaciones continúan llamando a la acción para mejorar las condiciones en los centros de detención y reformar las políticas actuales. Sin cambios significativos, se prevé que las tasas de mortalidad puedan mantenerse elevadas, generando un impacto negativo en la sociedad y en la reputación del país. La situación plantea desafíos complejos que requieren una respuesta integral y comprometida.
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