11 de junio de 2026 09:53 8' minutos de lectura
Todos los días, a las seis de la mañana, en un departamento del barrio porteño de Núñez suenan dos despertadores . Son los que Javier Pizzini programa cada noche como un reaseguro de que no se va a quedar dormido y va a llegar bien al trabajo.
Cuando suenan, Javier se levanta con la disciplina de quien sabe que su presente es una conquista . Se prepara un desayuno nutritivo —dos huevos revueltos, tostadas, fruta y unas almendras— mientras repasa mentalmente su agenda.
A sus 35 años, Javier no solo es un empleado consolidado en el área de Prevención de Fraudes de Banco Macro, sino un hombre que logró algo que la sociedad le retacea a muchos otros como él: vivir bajo sus propias reglas, gestionar su propio dinero y ser el único dueño de sus decisiones .
Javier tiene una parálisis cerebral congénita que se expresa mediante una hemiparesia: su lado derecho tiene una movilidad reducida y su proceso de aprendizaje requiere tiempos y apoyos específicos. Sin embargo, esta historia no es una crónica sobre la discapacidad, sino sobre la autonomía .
Javier tiene parálisis cerebral y es empleado bancario desde 2013; gracias a su estabilidad laboral pudo irse a vivir solo Hernan Zenteno - La Nacion
Según un estudio de 2023 , solo el 12,6% de las personas con Certificado Único de Discapacidad dijeron tener trabajo.
Su recorrido laboral empezó después de un curso de formación para el empleo en la Fundación Discar , que trabaja para que las personas con discapacidad intelectual desarrollen las herramientas necesarias para su inclusión laboral y social.
“Terminé el curso y, al poquito tiempo, desde la fundación me avisaron que estaba esta posibilidad. Yo no podía creer que pasara tan rápido. Pensé que me iba a costar más”, reconoce.
Al principio, Javier tenía que ocuparse de tareas operativas en el área de Cobranzas del Banco Itaú, que en 2024 fue absorbido por Macro. Hoy se dedica a analizar estafas virtuales.
Las personas con discapacidad tienen derecho a contar con todos los apoyos que necesiten para trabajar. A veces, esos apoyos pueden ser edilicios, como una rampa. Pero también pueden ser personas que hacen las adaptaciones necesarias para que la persona con discapacidad desempeñe su tarea. Esas personas se llaman orientadores laborales .
En el camino de Javier, la figura de Adrián Souto, el orientador laboral que le asignó la fundación , fue el puente entre sus sueños de progreso y las posibilidades reales para concretarlos . Y también se convirtió en un sostén clave cuando Javier quiso dejar de vivir con su familia y mudarse solo .
Adrián tiene reuniones periódicas con Javier para trabajar cualquier desafío que se le presente en el trabajo. "Al principio eran más presenciales pero ahora nos manejamos mucho con mensajes de Whatsapp", dice Hernan Zenteno - La Nacion
“El mío es un trabajo difícil”
Javier creció en el barrio de Belgrano, en un hogar marcado por la fuerte presencia de su mamá y su abuela. “La primaria la hice en varias escuelas. A mi mamá le costó encontrar el lugar para mí. Por suerte nunca me hicieron bullying. En la secundaria sí. Me dejaban afuera ”, recuerda.
La secundaria la cursó en una escuela común con apoyos. “Iba y venía solo de la escuela. Ya había empezado a hacerlo en la primaria”, agrega. Al poco tiempo de terminarla, Javier llegó a Discar para realizar ese curso de formación para el empleo que terminó siendo un gran quiebre en su vida. Gracias a él logró su puesto de trabajo.
En el banco empezó con una jornada reducida, para hacer tareas sencillas. Tenía que imprimir certificados de “libre de deuda”, buscar a los responsables para que los firmaran y enviarlos a estudios jurídicos.
“ Estaba aburrido de lo que hacía”, reconoce Javier al recordar esos primeros años. Pero en el mundo de la discapacidad intelectual, los planes de carrera no suelen ser la norma . A pesar de esto, él comunicó su deseo de postularse para un puesto en el sector de Prevención de Fraudes.
"Mi familia es muy sobreprotectora", cuenta Javier, sobre las dificultades que tuvo para irse a vivir solo; para poder irse a vivir solo contó con el apoyo y los consejos de Adrián, su orientador laboral Hernan Zenteno - La Nacion
El banco, lejos de poner trabas, le impuso el mismo requisito que a cualquier otro empleado: debía rendir y aprobar un examen . Adrián le brindó los apoyos pedagógicos necesarios para que pudiera estudiar y comprender la lógica bancaria. Aprobó .
Su nuevo rol implicó un verdadero salto cualitativo: Javier pasó de tareas mecánicas a un rol analítico donde debe determinar si una transacción es un fraude, a quién derivarla y bajo qué criterios guardarla en la base de datos.
“Trabajar en un banco es muy difícil, tenés que estar atento a un montón de cosas. Te sentís presionado por las responsabilidades, es algo muy grande”, dice con orgullo.
“Se tiende a la sobreprotección”
Aunque Javier es el protagonista absoluto de su evolución, su recorrido también evid…
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