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COCulture6 days ago

The fiction of the two extremes

The article discusses the 'straw man' fallacy in the context of Colombia's current presidential campaign, highlighting how some individuals frame opponents by exaggerating or distorting their positions. It critiques the tendency among certain centrist, center-left, and non-petrist left sectors to equate the risks posed by Iván Cepeda and Abelardo de la Espriella by constructing extreme versions of their arguments.

¿Cómo es posible que personas políticamente liberales —que reconocen el enorme riesgo que representa Abelardo de la Espriella para Colombia— sigan encontrando razones para presentar a Iván Cepeda como un peligro equivalente?

Para intentar responder a esta pregunta quisiera evocar una vieja falacia argumentativa conocida como el “hombre de paja” ( straw man , en inglés). Consiste en deformar la posición de un adversario hasta convertirla en una versión simplificada, extrema o caricaturesca. Una vez construida esa figura, resulta muy fácil atacarla. Después de todo, un hombre de paja no ofrece demasiada resistencia. La falacia es eficaz porque permite evitar el verdadero debate. En lugar de responder a los argumentos reales de una persona, se inventa una versión más conveniente de esos argumentos. Y luego se procede a destruirla.

La actual campaña presidencial colombiana ofrece una ilustración particularmente reveladora de este mecanismo. No tanto por lo que ocurre entre la derecha y la izquierda, donde la confrontación es abierta y previsible, sino por lo que sucede en ciertos sectores que se reivindican como de centro, de centroizquierda o de izquierda no petrista. Mi argumento es sencillo: para muchos de ellos, la única manera de sostener la idea de que Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella representan riesgos equivalentes consiste en construir previamente uno de estos hombres de paja.

El contraste entre Abelardo e Iván

Conviene comenzar por una observación básica. La oposición a Abelardo de la Espriella no requiere la construcción de ningún hombre de paja. De hecho, esa es precisamente la asimetría fundamental entre los dos candidatos.

En el caso de Abelardo, el riesgo que muchos observadores socialdemócratas identifican no depende de exageraciones ni de caricaturas. Surge de sus propias declaraciones, de su trayectoria pública y de las medidas que anuncia. Es una amenaza que el propio candidato formula y reivindica abiertamente.

En primer lugar, no es irrelevante que una parte significativa de su notoriedad pública provenga de la defensa de paramilitares, feminicidas, estafadores y figuras asociadas a algunos de los episodios más oscuros de la vida nacional. A ello se suman unas posiciones políticas que anuncian retrocesos significativos en materia de derechos sociales, garantías institucionales, libertades académicas, protección de minorías y manejo democrático de la oposición.

Abelardo ha reivindicado de frente su admiración por figuras de la nueva ultraderecha internacional, así como su voluntad explícita de importar algunas de sus medidas más extremas. A diferencia de una derecha más tradicional, preocupada por preservar cierta imagen de moderación y respetabilidad, esta nueva ultraderecha ha convertido la provocación en una virtud política. No oculta sus enemigos: los exhibe. No disimula sus intenciones: las proclama. No intenta parecer moderado: convierte la confrontación en uno de sus principales activos electorales.

Abelardo encaja plenamente en esta lógica. Él mismo ha convertido la confrontación con el progresismo en uno de los ejes centrales de su proyecto político. Ha presentado como enemigos muchos de los valores que este reivindica: el feminismo, la preocupación ambiental, la ampliación de derechos, el pluralismo, la diversidad o las políticas de justicia social. Incluso ha prometido “destripar” políticamente a sus adversarios una vez llegue al poder.

Por supuesto, sus seguidores pueden considerar deseables estas posiciones. Lo que resulta mucho más difícil de sostener es que el riesgo asociado a ellas sea una invención de sus adversarios. En este caso, no hace falta construir ningún hombre de paja.

Con Iván Cepeda ocurre exactamente lo contrario, porque las críticas legítimas que se le hacen no bastan, por sí solas, para convertirlo en una amenaza comparable a la que representa Abelardo de la Espriella. Para producir esa equivalencia, es necesario exagerar, deformar o imaginar peligros que van mucho más allá de lo que muestran los hechos. Se pueden identificar, al menos, tres versiones de este hombre de paja.

Iván cómo guerrillero

La primera es también la más rudimentaria. Consiste en presentar a Cepeda como guerrillero o como heredero político de las FARC. Se trata de una caricatura tan alejada de la realidad que ni siquiera debería merecer una discusión extensa. No describe la trayectoria de Cepeda ni sus posiciones públicas. Describe, más bien, una figura imaginaria construida durante años por sectores de la derecha y la extrema derecha colombiana.

Sin embargo, el hecho de que sea una mentira burda no significa que sea inocua. Por el contrario, su eficacia política ha sido considerable. Para una parte importante del electorado, la idea de que Colombia sigue enfrentando una amenaza guerrillera inminente continúa funcionando como una poderosa herramienta de movilización electoral. Buena parte del apoyo a Abelardo de la Espriella se alimenta precisamente de esa lectura del pa…

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Source document: owl.excelsior.edu

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La Silla VacíaIndependentCenter6 days ago
The fiction of the two extremes

The article discusses the 'straw man' fallacy in the context of Colombia's current presidential campaign, highlighting how some individuals frame opponents by exaggerating or distorting their positions. It critiques the tendency among certain centrist, center-left, and non-petrist left sectors to equate the risks posed by Iván Cepeda and Abelardo de la Espriella by constructing extreme versions of their arguments.

Bias read (Center): The article presents an analytical critique of rhetorical strategies used in political discourse without taking a stance on the specific figures mentioned. It focuses on logical fallacies rather than endorsing or condemning any political position directly.