Entrevista
Después de años en consulta, tiene una certeza: los niños no necesitan padres perfectos, "necesitan padres felices". Anima a que se cuiden y no pierdan los momentos que, sin avisar, un día dejan de llegar.
Actualizado Lunes,
15
junio
2026
-
00:22
El psicólogo Javier de Haro, especializado en crianza. JAVIER BARBANCHO
Dejar de ser el padre perfecto para ser el padre presente . Esa es, según el psicólogo Javier de Haro (Mallorca, 5 de febrero de 1980), la asignatura pendiente de la crianza moderna . Tras más de 20 años trabajando con infancia y familias en diferentes ámbitos, desde servicios sociales hasta centros escolares, este psicólogo, profesor, orientador escolar y, por encima de todo, padre es claro: "No podemos evitarles cualquier malestar ni cumplir con un ideal imposible".
Por eso ha escrito Disfrutar la crianza (Ed. Zenith), repleto de ejemplos reales y herramientas prácticas, donde explica cómo poner límites firmes sin gritar, de qué manera acompañar rabietas sin perder la calma y a recuperar el rumbo cuando, inevitablemente, te sientes desbordado. En su proyecto digital, @psicologo_teayudoaeducar , también conecta con miles de progenitores con mucho humor.
Nunca habíamos tenido tanta información sobre crianza y, sin embargo, nunca nos habíamos sentido tan desbordados. ¿Cómo explicas esta paradoja? Hay muchísima información, pero también muchísima comparación. Y eso hace que nos estresemos y nos presionemos mucho, que estemos muy pendientes de lo que falta, los errores y la culpa, en lugar de priorizar lo importante. No lo hacemos con mala intención, sino porque vamos con el piloto automático, con las prisas del día a día y queriendo que todo salga perfecto. Pero lo que me ha enseñado mi hijo es que lo perfecto es poder desayunar tranquilamente con él, aunque la casa no esté perfecta. Tenemos que volver a priorizar estar con nuestros hijos, en lugar de que la casa, los menús y todo esté hiperperfecto. ¿Cuál sería el primer paso para el padre que se siente desbordado? El primer paso es parar y recuperar tu felicidad. Suena idílico, pero los niños necesitan padres felices. Muchas veces no lo estamos porque no nos cuidamos, no nos dedicamos tiempo ni disfrutamos de la relación. Las prisas, el estrés y el querer hacerlo todo perfecto nos hacen perder el foco. Cuando estamos agobiados nos cuesta ver lo positivo: estamos hiperpendientes de lo negativo, de gritar, de saltarnos a la mínima. Por eso el primer paso es frenar y tomar conciencia de qué es lo que me cuesta y lo que me falta, pero no desde la culpa, sino desde: "Voy a ir paso por paso, no voy a querer hacer mil cosas a la vez". Hago dos. Y el resto ya llegará. Se nos ve muy cabreados por las noticias, el trabajo, el tráfico..., ¿cómo podemos gestionar nosotros mismos esas emociones para no pagarlo con los hijos? Explotar es algo muy humano y normal; todos lo hacemos, hasta el mejor psicólogo. Y cuando ocurre, puede ser un aprendizaje muy grande para nuestro hijo si reconocemos el error con humildad. A veces tenemos razón en lo que decimos, pero no en las formas. Por eso es importante ser capaz de decirle: "Cariño, siento haberte gritado; la próxima vez que te grite, dime: 'Papá, no me grites'". Así no perdemos la oportunidad de educar incluso desde ahí. ¿Y qué hacemos para evitarlo? El primer paso es eliminar los determinismos. Vamos tan apurados que decimos "es que yo soy de gritar" o "es que yo soy así". Pero queremos que nuestros hijos aprendan y nosotros también tenemos que aprender. Hay que ver qué es lo que nos hace gritar: ¿son las prisas?, ¿respondo de forma impulsiva? Está demostrado que si conseguimos controlar ese primer segundo, ya no gritas. Tu hijo ha pintado la pared: en lugar de entrar gritando, pregunta: "¿Qué ha pasado aquí?". Es obvio que lo estás viendo, pero eso ya frena el impulso. La firmeza es muy importante, pero aunque seamos firmes, hay que hacerlo de forma consciente. Se ve mucho que quien tuvo un padre muy autoritario acaba siendo demasiado permisivo con sus hijos. ¿Por qué caemos en ese extremo? Pasa mucho y es una paradoja: con las mejores intenciones conseguimos los peores resultados. Por eso es tan importante tener claros nuestros objetivos como padres, incluso apuntarlos, porque cuando lo escribes es cuando lo visualizas. Educar no es pensar a corto plazo, es a medio plazo. Y eso incluye tener claro que poner límites es necesario y es una prueba de amor, si lo hacemos con coherencia y desde el respeto. Lo que diría a los padres y madres que se sientan así es que piensen qué es lo que más les gustaba de sus propios padres y que lo imiten. Y qué es lo que no les gustaba, que lo elaboren y lo eviten, pero no yéndose al extremo contrario, sino trabajando paso a paso en base a lo que necesita su hijo. Las familias son cada vez más equilibradas, pero la carga silenciosa sigue recayendo sobre las madres: a ellas llaman cuando el niño se pone malo, a ellas les pesa la culpa cuando se toman un momento par…
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