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COCultureOverlooked from the right8 days ago

Doña Carmen and the disaster of the New EPS

This column focuses on an 88-year-old Colombian woman named Doña Carmen who has been struggling to access Colombia's healthcare system for months and faces the risk of dying in the process. The article highlights her life as a lifelong farmer from Boyacá, where she and her husband built their farm and raised ten children, five of whom are still alive. Now unable to work due to age, she lives in Bogotá with her daughters, who care for her. The piece underscores the challenges faced by many Colombians in accessing adequate healthcare and raises broader questions about social inequality and the负担

Esta columna está dedicada a una mujer que intenta ser atendida por el sistema de salud colombiano desde hace meses y que corre el riesgo de morir en el intento.

Como ella, son decenas de miles los colombianos que hoy engruesan los corredores de la muerte. ¿Es esto inevitable? No debería serlo, pero no se ve ninguna luz, y por el contrario parece que esta tragedia humanitaria (11 millones de pacientes afectados) se profundizará.

Doña Cleotilde nació en un pueblo de Boyacá. Hija de campesinos, fue campesina toda su vida. Con su marido construyeron su finca, su casa, cultivaron yuca, arracacha, maíz, plátano, todo para el sustento de su abundante familia: doña Cleotilde tuvo diez hijos, de los cuales hoy sobreviven cinco. (Otra columna podría explayarse en los casos de sus hijos muertos, que evidencian las inmensas desigualdades sociales en este país).

Doña Cleotilde no tiene ya fuerzas para cultivar su tierra o venderles almuerzos a los trabajadores de los alrededores. Está cansada. Ha dejado su Boyacá profundo y se ha ido a vivir a Bogotá, donde sus hijas velan por ella (otra columna podría estar dedicada a entender por qué suelen ser las mujeres quienes cuidan de los más frágiles de su entorno -hijos, padres mayores, parientes enfermos, y qué desigualdad de género esconde esta variable).

Pese a haber trabajado duro toda su vida, de haber madrugado, de haber cuidado el agua y la tierra y de haber criado, hoy doña Cleotilde no tiene pensión (me refiero a una pensión como resultado del trabajo, no a un subsidio). Es decir que pese a que en Colombia el campesino es reconocido como “sujeto de especial protección constitucional en virtud de su rol fundamental en el desarrollo económico, social y cultural del país, así como por su situación de vulnerabilidad histórica”, situaciones como la de doña Cleotilde, llegar a la vejez sin protección social, son la norma (menos del 5% de las mujeres rurales tienen una pensión, dicen los datos ).

Por suerte, doña Cleotilde logró obtener un subsidio “adulto mayor” recientemente (un poco más de 200 mil pesos al mes). Por desgracia, este dinero no solo no la saca de la pobreza, sino que además se está yendo integralmente en comprar sus medicamentos y tratar sus asuntos de salud (y esta suma no le alcanza). En efecto, desde hace meses, su sistema de seguridad social -Nueva EPS, la única que había en su municipio, por eso fue afiliada ahí- no responde. El deterioro de su salud es responsabilidad directa de esta entidad (recordemos que es una de las EPS intervenidas por el gobierno Petro ).

En efecto, las hijas de doña Cleotilde llevan meses tratando de obtener medicamentos y tratamientos, y han enfrentado un auténtico calvario debido a la pésima respuesta por parte de Nueva EPS y la inutilidad manifiesta de la Supersalud. Sería difícil resumir la situación a la que se les somete: no les programan cita con el especialista; no les entregan medicamentos (entre otros, para la hipertensión); no responden a las quejas (la familia ha tenido la precaución de instaurar quejas en el sistema PQRD); no hay respuesta a la tutela. Cuando insisten, las llaman a reconvenirlas por no “venir a buscar el medicamento”. Entonces, madrugan, toman transportes, se ausentan de su trabajo para hacer cola, una vez más. Llegan al Cafam de la calle 151 de Bogotá: el lugar permanece lleno. Como ellas, decenas de pacientes han sido convocados para supuestamente entregar el medicamento. Pasan una hora pasan dos, pasan tres horas de espera; al cabo de esas filas y esperas insoportables, las llaman por fin. ¿Y qué les dicen? Que no hay medicamentos, o que sí hay, pero solo el acetaminofén, el más barato, que de hecho vale menos que el transporte y el tiempo gastado en ir hasta allá.

Así pasan los días, las semanas, los meses. Doña Cleotilde invierte la totalidad de su subsidio (y sus hijos agregan una suma adicional) para adquirir esos medicamentos, que se venden en droguerías. Nadie responde por el problema de fondo: ¿por qué esta burla con ellas? ¿por qué no les entregan sus medicamentos, siendo que los hay en droguerías?

He estado tratando de ventilar el caso de esta anciana y su familia por redes sociales , interpelando directamente a los políticos que dirigen la Nueva EPS y la Supersalud, así como al ministro de salud. No se ha logrado absolutamente nada. En cambio, decenas de personas se han sumado a la queja: muchos han dejado su testimonio, la imposibilidad de ser tratados dignamente, el deterioro y la desidia del sistema de salud.

Los datos empíricos (ver el estudio “ Gasto de bolsillo y barreras de atención en salud (2019–2025) “, realizado por el equipo de Fórmula Álgebra) demuestran que los colombianos más pobres, personas como la familia de doña Cleotilde, están gastando mucho más dinero que antes en medicamentos y atención de salud. Algunos, sencillamente, ya han optado por no buscar curarse.

Hago este llamado a la Nueva EPS (la que tiene más afiliados en Colombia) a resolver este tema. P…

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Source document: afidro.org

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La Silla VacíaIndependentLeft8 days ago
Doña Carmen and the disaster of the New EPS

This column focuses on an 88-year-old Colombian woman named Doña Carmen who has been struggling to access Colombia's healthcare system for months and faces the risk of dying in the process. The article highlights her life as a lifelong farmer from Boyacá, where she and her husband built their farm and raised ten children, five of whom are still alive. Now unable to work due to age, she lives in Bogotá with her daughters, who care for her. The piece underscores the challenges faced by many Colombians in accessing adequate healthcare and raises broader questions about social inequality and the负担

Bias read (Left): The article emphasizes systemic failures in the healthcare system, social inequalities, and the disproportionate burden placed on women, which aligns with left-leaning critiques of structural issues in society.