“Zidane es Francia. No se le falta el respeto a una leyenda así” . Con esa frase, publicada en la red social X en enero de 2023, Kylian Mbappé sacudió el cargo de Noël Le Graët, que acabaría dimitiendo. El capitán de los bleus no dejó pasar por alto las declaraciones del presidente de la Federación Francesa de Fútbol (FFF), quien descartó de plano la “hipótesis Zidane” para el puesto de seleccionador nacional tras renovar a Didier Deschamps hasta 2026, afirmando que “ni siquiera le habría cogido el teléfono”.
El actual capitán de la selección francesa ha forjado su influencia lejos de aquel joven jugador de 18 años que se dio a conocer al gran público durante el Mundial de 2018 en Rusia, al término del cual Francia consiguió su segunda estrella. Desde entonces, Mbappé no duda en poner su liderazgo al servicio de sus convicciones . En los últimos años, ha hecho llamamientos regulares para votar “contra los extremos”, ha denunciado el racismo y ha salido en defensa de compañeros de equipo víctimas de discriminación .
En France 5 , el documental Mbappé, la diplomacia del balón , emitido el 6 de junio de 2026, le atribuye incluso un cierto soft power digno de un “agente diplomático” . Sin embargo, esta condición de figura pública nunca le ha protegido de la violencia racista.
En 2021, la selección francesa quedó eliminada prematuramente de la Eurocopa, en octavos de final, tras una tanda de penaltis contra Suiza. Mbappé falló el suyo. En las horas posteriores a esta inesperada derrota, la estrella de los bleus sufrió una oleada de odio en las redes sociales. En el pódcast The Bridge , emitido en abril de 2026, el futbolista recuerda con gravedad ese episodio y revela que entonces llegó a plantearse abandonar la selección: “ Juego para gente que, si no marco goles, piensa que soy un mono ”.
De generación en generación
Otro número 10 sufrió la misma andanada de emociones. En 2006, Zinédine Zidane, elegido mejor jugador en el Mundial de Alemania, propinó un cabezazo a Marco Materazzi durante la prórroga de la final contra Italia. Fue expulsado y Francia cayó en la tanda de penaltis. El gesto del jugador franco-argelino acaparó los comentarios de los medios, y sus orígenes resurgieron de repente en el debate público.
“Zidane es francés cuando a todo el mundo le conviene, pero cuando no sabe 'comportarse' deja de serlo por completo”, señala la antropóloga Nacira Guénif-Souilamas, autora de la obra Les Féministes et le Garçon arabe ( Las feministas y el chico árabe , Éditions de l’Aube, 2004). Recuerda que el jugador, hasta entonces calificado de “cabileño” [relativo a la Cabilia, una región montañosa en el norte de Argelia], se convierte entonces en un “árabe”: “En el orden colonial, ser cabileño siempre ha sido una forma de absolver al colonizado de todos los males que se le pudieran atribuir. El cabileño estaba, por tanto, más cerca de los blancos”.
Entre Zidane y Mbappé, otra generación descendiente de inmigrantes sufrió de lleno críticas político-mediáticas, prejuicios de clase y discriminaciones raciales . Tuvo su punto álgido en Knysna, durante el Mundial de 2010 en Sudáfrica, un episodio recuperado recientemente por el documental de Netflix El autobús: La huelga de la selección francesa , estrenado en mayo de 2026.
Lo primero que pienso es que eso no lo han escrito ellos, ni siquiera tiene faltas ortográficas
Raymond Domenech sobre la carta de reivindicaciones de los jugadores de la selección francesa en 2010
El documental vuelve sobre la expulsión de Nicolas Anelka por parte de la FFF, a raíz de unas supuestas declaraciones dirigidas a su seleccionador, Raymond Domenech: “Vete a tomar por culo, hijo de puta”, palabras que hoy sabemos que nunca pronunció, pero que le fueron atribuidas en la portada del periódico L’Équipe . Cuando sus compañeros de equipo iniciaron una huelga de entrenamientos para apoyarle, se les tachó de “niños mimados”, “desconectados” e “inmanejables”.
Ante las cámaras de Netflix, Raymond Domenech dice, al referirse a la carta que le entrega el capitán, Patrice Évra: “Lo primero que pienso es que eso no lo han escrito ellos, ni siquiera tiene faltas ortográficas”.
Algunos discursos adquieren una dimensión identitaria aún más profunda. En un primer momento, la entonces ministra de Deportes, Roselyne Bachelot, se desplaza al campamento base de los bleus para “calmar la situación”. Pero ante la Asamblea Nacional, la ministra califica a los jugadores de “matones inmaduros” y denuncia comportamientos propios de la “chusma”.
Incrédulos, algunos jugadores reaccionan en el documental: “Ante los medios, nos destruye”, declara William Gallas. “Nos ensucia, nos escupe”, añade Patrice Évra. Bacary Sagna se pregunta: “Vienes, pasas tiempo con nosotros, estamos aquí, te respetamos… ¿Quién es aquí el matón?”. Por su parte, Roselyne Bachelot se mantiene, por una vez, en silencio: “He dicho lo que tenía que decir y ya está”.
En este ambiente, el diario nacional-católico Présent —en el que la…
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