José Sacristán decidió retirarse del cine después de pasar 70 de sus 88 años frente a la pantalla. No es que le falte vitalidad o se enfrente a algún problemático trance de salud. Todo lo contrario. Con la lucidez plena para seguir subiendo cada noche a un nuevo escenario, confirmó al mismo tiempo que seguirá haciendo teatro.
“Se necesita un tiempo que ya no dispongo. Y no quiero madrugar más”, dijo para justificar su decisión de despedirse definitivamente de la faceta artística que lo llevó a ser una de las figuras más ilustres (para muchos, la mejor) del cine hispanoparlante en el último medio siglo.
Sacristán en una de las representaciones de la obra teatral El hijo de la cómica, a fines de abril pasado Alter Photos - Sipa USA El público que lo escuchaba en el estudio del popular programa televisivo La revuelta reaccionó con sorpresa. Locuaz, ingenioso y corrosivo como lo fue toda la vida a partir de su carisma y su inigualable voz de barítono, Sacristán apareció allí con la estampa de esos actores sin tiempo que mantienen su vigencia sin esfuerzo más allá de los años, pero terminó confirmando una idea que venía madurando en los últimos años.
En 2021, poco antes de recibir el Premio Nacional de Cinematografía otorgado por el gobierno español, Sacristán había dicho: “ Si me dan un guión y leo que hay que rodar en exteriores por la noche, no sigo. A la hora de cenar ya me gusta estar en casa. De ninguna manera quiero llegar al patetismo ese de querer morir con las botas puestas. Seguiré mientras me divierta, y el cine y la televisión ya me divierten poco ”.
Una imagen reciente de José Sacristán, presentando un espectáculo basado en textos de Antonio Machado Europa Press News - Europa Press José Sacristán nació el 27 de septiembre de 1937, en plena Guerra Civil Española, en el pequeño municipio de Chinchón, distante a menos de una hora de auto (53 kilómetros) de Madrid. Ahora, con más tiempo libre, dice que se dejará ver mucho más seguido por su pueblo, en el que hoy viven 5800 personas y al que siempre quiere y disfruta volver. Hasta tiene una calle que lleva su nombre.
“El secreto de mi pueblo son los ajos, que son maravillosos”, dijo sobre Chinchón, un pintoresco reducto conocido por los 200 balcones de madera pintados de verde que rodean a su Plaza Mayor. Allí se filmaron varias películas españolas, europeas y de Hollywood, entre ellas el clásico La vuelta al mundo en 80 días , con David Niven , Cantinflas y Shirley MacLaine .
En la alfombra de los premios Goya en 2024 Raúl Terrel - Europa Press - Raúl Terrel - Europa Press “Éramos pobres, pero no miserables. Mi abuela y mi madre hacían milagros para que el hambre no nos quitara las ganas de jugar en la calle. Recuerdo las visitas a la cárcel de Ocaña para ver a mi padre a través de unos locutorios con doble reja. De niño no sabía de ideologías, pero entendía perfectamente el dolor de ver a mi padre encerrado por sus ideas. Aquello me dio una medida de la libertad que no he olvidado nunca”, recordó hace un tiempo en el programa de TV Palo y astilla .
Hijo de madre republicana y padre comunista, Sacristán siempre se identificó como un artista de izquierda. “Me llamo José por José Díaz Ramos, primer secretario general del Partido Comunista español. Mi padre era comunista de toda la vida, un rojo sin remedio”, dijo ante el mismísimo rey Juan Carlos I cuando recibió la Medalla de Oro del Mérito a las Bellas Artes.
Juan Diego Botto, Adolfo Aristarain y Sacristán en el Festival de San Sebastián 2004, donde se exhibió Roma dentro de la competencia oficial Juan Zavala, Elio Castro-Villacañas y Antonio C. Martínez en el documentado libro El cine español contado con sencillez , recordaron que Sacristán, en sus comienzos, como muchos actores de su generación, “tuvo que ganarse la vida gracias a las españoladas del régimen franquista”, todo lo contrario a su ideología.
Debutó en el cine en la comedia La familia y algo más (1965), en el breve papel de un estudiante de arquitectura y con el tiempo fue ganando lugar y reconocimiento acompañando a las figuras más populares del cine español de ese tiempo, Paco Martínez Soria y Alfredo Landa , siempre interpretando papeles cómicos a favor “de su nariz prominente y su poca pinta de galán”.
De a poco, detrás del personaje gracioso empezó a notarse el talento de Sacristán como actor. Se reveló por primera vez en Asignatura pendiente (1977), ópera prima de José Luis Garci y la película con la que mejor se identificaron los españoles de la Transición entre el franquismo y la apertura democrática.
Un joven Sacristán en una escena de El viaje a ninguna parte Sacristán y Fiorella Faltoyano interpretan allí a una pareja que se reencuentra después de un largo tiempo y reinciden en el amor mientras transcurren los últimos años de la vida de Franco. Fue un éxito colosal (dos millones de entradas vendidas) y la consagración definitiva de Sacristán como un actor de cine completo.
Al año siguiente llegó, también junto a Garci y Faltoya…
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