La FIFA planea vender una parte de los derechos comerciales de sus torneos mundiales a inversores y organizar futuros partidos bajo el techo de una nueva empresa, cuya propiedad mayoritaria sería la FIFA. Estos planes fueron fuertemente criticados, tanto por el ex presidente de la FIFA, Joseph Blatter, como por el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, que consideraba que el fútbol era propiedad de los aficionados. Blatter, junto con Gianni Infantino, tenía una estrecha relación con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lo que podría significar intereses financieros en el fútbol. La Unión Europea de Fútbol (UEFA) también rechazó los planes y enfatizó que el fútbol no debería ser comercializado.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo subraya la crítica de figuras de izquierdas como Andy Burnham y Joseph Blatter a los planes de la FIFA, considerados como neoliberales y orientados al lucro.





