Puerto Rico comenzará a implementar medidas de racionamiento de agua a partir del viernes, ya que la isla enfrenta una sequía récord que ha dejado a los residentes sin agua confiable durante más de 100 días. Más de 180,000 cuentas de clientes en San Juan y municipios circundantes, incluidos Carolina, Juncos, Gurabo, Trujillo Alto, Canovanas y Loiza, se enfrentarán a períodos alternos de 48 horas sin acceso al agua. Los funcionarios aún no han anunciado cuándo concluirá el racionamiento y han advertido que las interrupciones podrían extenderse a 72 horas.
La sequía ha intensificado los desafíos existentes dentro de la infraestructura hídrica de Puerto Rico, que ha sufrido durante mucho tiempo de falta de inversión, mantenimiento diferido y sistemas envejecidos. S. Drought Monitor, aproximadamente el 36% de la isla está experimentando actualmente una sequía severa, mientras que un 32% adicional se encuentra en condiciones de sequía moderada. Las proyecciones de lluvia indican que las próximas dos o tres semanas verán al menos un 50% menos que el promedio, agravando aún más la crisis. Los meteorólogos atribuyen estas condiciones al fortalecimiento de El Niño, un patrón climático natural que contribuye a un clima más seco de lo normal en la región.
El impacto de la sequía se ha sentido en la vida diaria, con residentes que informan servicio intermitente, presión de agua extremadamente baja y cortes frecuentes. Algunas comunidades han experimentado interrupciones de agua durante 118 días consecutivos, lo que obliga a los hogares a depender de cisternas de emergencia y agua embotellada. Las empresas también se han enfrentado a dificultades, con señales que aparecen en cafés y restaurantes que indican que los baños están temporalmente cerrados debido al suministro limitado de agua.
Los esfuerzos para hacer frente a la crisis incluyen el despliegue de grandes camiones para entregar agua potable, dando prioridad a los hospitales y residencias para las poblaciones vulnerables. Luis González Delgado, presidente del sistema de agua y alcantarillado de Puerto Rico, confirmó que tales entregas continuarán, aunque la escala de la operación sigue siendo incierta. Mientras tanto, los profesionales de la salud han expresado confianza en su capacidad para manejar la situación, citando protocolos de preparación y planes de contingencia establecidos.
Tania Conde Sterling, presidenta de la Asociación de Administradores de Servicios de Salud de Puerto Rico, señaló que los hospitales operan bajo estrictas pautas diseñadas para manejar emergencias, asegurando la continuidad de la atención a pesar de la escasez en curso. La sequía también ha reavivado preocupaciones de larga data sobre el estado de la infraestructura hídrica de Puerto Rico. El año pasado, el alcalde de San Juan, Miguel Romero, presentó una demanda contra la Autoridad de Agua y Alcantarillado de la isla, citando inversiones y mantenimiento inadecuados durante décadas. La gobernadora, Jenniffer González, ha reconocido los fallos sistémicos, pero ha atribuido la responsabilidad principalmente a los patrones climáticos recientes.
A pesar de los miles de millones en fondos federales asignados para mejoras de infraestructura, muchos proyectos siguen incompletos, dejando vacíos críticos en la red de distribución de agua. A medida que se desarrolla la crisis, hay crecientes llamados a la acción inmediata y la rendición de cuentas. El representante del Congreso de Puerto Rico, Domingo J. Torres García, ha amenazado con recurrir a la justicia si no se hace ningún progreso para resolver la crisis del agua.
Por ahora, la atención se centra en la gestión de los efectos inmediatos del racionamiento, con funcionarios instando a la paciencia y la cooperación mientras trabajan para estabilizar la situación.
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