Tres grandes incendios forestales en el este del estado de Washington han destruido más de 600 edificios, según las autoridades, marcando lo que los funcionarios describen como el peor desastre natural que la región ha enfrentado. Los incendios, que se extendieron rápidamente por la ciudad de Spokane, obligaron a miles a evacuar y provocaron cortes generalizados de energía que afectaron a alrededor de 60,000 residentes. El gobernador Bob Ferguson declaró una emergencia de incendios forestales en todo el estado debido a condiciones extremas de sequía, altas temperaturas y fuertes vientos que exacerbaron la situación.
Los incendios comenzaron hace varios días y se intensificaron rápidamente, con el mayor incendio, conocido como el Old-Trails Fire, que se extendió por las orillas del río Spokane y en el núcleo de la ciudad.
Los equipos de emergencia trabajaron incansablemente para contener las llamas, desplegando más de 900 personas, incluidos miembros de la Guardia Nacional, que fueron llamados a petición de las autoridades locales. A pesar de estos esfuerzos, la escala de destrucción continuó creciendo. Enfatizó la urgencia de la situación, señalando que el número de edificios afectados podría aumentar significativamente a medida que continúen las investigaciones sobre la causa. El gobernador, Bob Ferguson, anunció el estado de emergencia a principios de la semana, citando una de las temporadas de incendios forestales más severas registradas.
En el momento de la declaración, había al menos 15 grandes incendios forestales en todo el estado, cubriendo más de 1,000 kilómetros cuadrados. Estos incendios ya han quemado más de 180,000 hectáreas solo este verano, estableciendo un nuevo punto de referencia para el poder destructivo. Las autoridades han advertido que la situación está lejos de resolverse. Si bien no se han confirmado oficialmente víctimas, el riesgo de lesiones o muertes sigue siendo alto dada la intensidad de los incendios. Se han establecido refugios de emergencia en Spokane, incluido el centro de convenciones de la ciudad, para acomodar a los residentes desplazados.
Mientras tanto, las empresas de servicios públicos han comenzado a restaurar la electricidad a las áreas afectadas, aunque muchos hogares permanecen sin electricidad. El impacto de los incendios se extiende más allá del peligro inmediato. La pérdida de casi 600 edificios representa un golpe significativo para la comunidad, particularmente en los vecindarios donde se consumieron bloques enteros. Los medios locales, incluido The Spokesman-Review y las estaciones de televisión regionales, han documentado la devastación, destacando tanto el número de víctimas humanas como el daño ambiental. El Servicio Meteorológico Nacional emitió advertencias sobre el mayor riesgo de incendio, enfatizando que la temporada actual se encuentra entre las más activas de la historia registrada.
A medida que la situación continúa evolucionando, los funcionarios enfatizan la importancia de la vigilancia y la preparación continuas. Con la temporada seca aún por venir, persiste la amenaza de nuevos incendios forestales. El gobierno federal ha prometido apoyo y se están coordinando recursos adicionales para ayudar a las agencias locales a manejar la crisis. Por ahora, el enfoque sigue estando en contener los incendios existentes y garantizar la seguridad de los residentes en las regiones afectadas.
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