El presidente ruso, Vladimir Putin, prometió la victoria en la guerra de Rusia contra Ucrania durante un congreso de su partido Rusia Unida, celebrado poco más de un mes antes de las elecciones parlamentarias. Sus comentarios fueron repetidos por el líder de Rusia Unida, Dmitriy Medvedev, quien describió a Ucrania como un "estado fantasma" que ya había perdido el 20 por ciento de su territorio y la mitad de su población.
Durante el evento, Putin reafirmó su apoyo al partido gobernante Rusia Unida, elogiándolo como la fuerza líder con más experiencia en el país. Medvedev, que se desempeña como jefe adjunto del Consejo de Seguridad Nacional, reiteró las ganancias territoriales de Rusia, afirmando que las fuerzas armadas continúan demostrando su resistencia. También acusó a Ucrania de ser una entidad fabricada, alegando que había sufrido pérdidas significativas desde el inicio del conflicto. Según informes de múltiples medios de comunicación, incluidos Dnevnik, Slovenske Novice, RTV Slovenia y Mladina, tanto Putin como Medvedev hicieron declaraciones claras sobre el resultado de la guerra.
Medvedev se refirió específicamente a Ucrania como un "estado fantasma", señalando que había perdido el 20% de su territorio y la mitad de su población. También condenó a los que habían huido de Rusia, calificándolos de traidores y sugiriendo que no se les debería permitir regresar. Estos comentarios reflejan la narrativa en curso del gobierno de que Rusia está involucrada en una operación defensiva en lugar de una invasión.
Como resultado, sólo diez partidos aparecerán en la boleta electoral, todos los cuales respaldan las acciones militares de Rusia en Ucrania. Esta medida subraya la consolidación del poder dentro del partido gobernante y limita la disidencia política antes de la votación. El momento de estas declaraciones, solo un mes antes de las elecciones, sugiere un esfuerzo estratégico para reforzar la moral doméstica y reforzar la legitimidad de la administración actual. Al vincular el éxito del esfuerzo de guerra a la unidad nacional y los resultados electorales, el liderazgo pretende mantener el apoyo público en medio de los continuos desafíos en el campo de batalla.
A pesar de las críticas internacionales y las crecientes preocupaciones por las víctimas civiles y las crisis humanitarias, las autoridades rusas continúan enmarcando el conflicto como una campaña necesaria y justificada. A medida que se acerca la fecha de las elecciones, el enfoque sigue estando en mantener la cohesión interna y garantizar que el partido gobernante mantenga su posición dominante.
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