La vitamina K, un nutriente esencial para el funcionamiento adecuado del sistema circulatorio, ha sido objeto de una creciente atención entre los profesionales de la salud y los investigadores. Este nutriente, que el cuerpo humano no puede producir en cantidades suficientes, se divide en dos tipos principales: una fitoquinona (K1), que se encuentra principalmente en vegetales de hojas verdes, y una menaquinona (K2), que es producida por bacterias intestinales, pero también puede obtenerse a través de carnes y alimentos fermentados.
Una función principal de la vitamina K está relacionada con la coagulación de la sangre, un proceso vital para evitar hemorragias excesivas. Según la nutricionista Gisele Cirilo, de la Casa de Saúde São José, una deficiencia de este nutriente puede llevar a condiciones como una discrasia, que afecta a las células sanguíneas y aumenta el riesgo de sangrado. La vitamina K también juega un papel crucial en la protección de las arterias, activando proteínas que dirigen el calcio a los huesos, manteniendo la longitud de las paredes de los vasos sanguíneos. Esta ayuda a prevenir la calcificación y el endurecimiento arterial, procesos que pueden sobrecargar el corazón a largo plazo.
El cardiólogo Dr. Lucas Waldeck, también de la Casa de Saúde São José, enfatiza que la vitamina K contribuye a la preservación de la flexibilidad y elasticidad de las arterias, facilitando una circulación sanguínea con menos esfuerzo cardíaco.
Para garantizar una ingesta adecuada de vitamina K, los alimentos como repollo, brócoli, couve, nabo, alface, quesos, gemas de huevo y hígado son considerados excelentes fuentes. Sin embargo, un nutricionista alerta sobre el impacto negativo de un desequilibrio bacteriano en el intestino, conocido como disbiosis, que puede llevar a la deficiencia de vitamina K2. Ese problema puede ser exacerbado por el uso excesivo de antibióticos, que destruyen una microbiota intestinal. En estos casos, una suplementación con vitamina K2 puede ser necesaria, siempre con orientación médica.
A pesar de su importancia, una ingesta desregulada de vitamina K puede acarrear riesgos, especialmente para quienes usan medicamentos anticoagulantes. La vitamina K actúa como un "antídoto" natural de estos medicamentos, y las variaciones bruscas en su consumo pueden comprometer el tratamiento. El Dr. Lucas Waldeck explica que una recomendación no es eliminar la vitamina K de la dieta, sino mantener un consumo constante y estable, lo que permite al médico ajustar la dosis de los medicamentos en función de los hábitos alimenticios del paciente.
Enfatiza la necesidad de supervisión médica antes de iniciar cualquier tipo de suplementación, especialmente para pacientes con enfermedades cardiovasculares que estén usando anticoagulantes.
La reposición de vitamina K, según el cardiólogo, debe realizarse únicamente cuando haya indicación clínica y con el acompañamiento profesional. Los pacientes con afecciones cardiovasculares deben evitar tomar suplementos vitamínicos por su cuenta, ya que incluso pequeñas dosis presentes en multivitaminas pueden interferir con el equilibrio de la coagulación sanguínea. La seguridad y el control del uso de este nutriente son fundamentales para garantizar beneficios sin riesgos para la salud.
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