Una vez una fuente de orgullo nacional, el sistema de salud de Cuba ha experimentado un declive significativo, exacerbado por la profundización de la escasez de energía que ha intensificado una crisis económica en curso. Este deterioro ha ejercido una presión inmensa sobre la infraestructura médica del país, dejando a muchos ciudadanos sin acceso a tratamientos y atención esenciales. Uno de esos casos es el de Irisleydis Tristá, una madre de 34 años de Batabanó, que ha soportado múltiples cirugías y rondas de radioterapia en los últimos cuatro años por un tumor. Ahora, se enfrenta a una situación desesperada: su tomografía computarizada en el Hospital Hermanos Ameijeiras de La Habana, considerado la instalación principal de la nación, no funciona debido a la falta de recursos.
Sin esta herramienta de diagnóstico, Tristá se siente cada vez más vulnerable y desesperada.
El colapso del una vez célebre sistema de salud de Cuba se ha atribuido a una confluencia de factores, principalmente a la grave escasez de combustible que ha paralizado la capacidad del país para mantener las operaciones básicas. S. sanciones al sector energético de Cuba, que han tensado aún más una economía ya debilitada por las consecuencias de la pandemia de COVID-19. La administración Trump ha estado ejerciendo presión sobre el gobierno socialista de Cuba para que promulgue reformas económicas radicales y altere su estructura política a cambio de la flexibilización de estas sanciones.
Sin embargo, el impacto de estas medidas se ha sentido agudamente en el sector de la salud, donde los hospitales ahora luchan con problemas críticos de la cadena de suministro.
La escasez de suministros médicos esenciales, como jeringas, gasa, vacunas y anestésicos, se está volviendo común, mientras que el mantenimiento y el funcionamiento de equipos médicos vitales, incluidas las máquinas de hemodiálisis y tomografía computarizada, siguen siendo imposibles debido a la falta de piezas de repuesto.
El éxodo de profesionales médicos ha agravado aún más la crisis. Muchos especialistas y técnicos han abandonado el país, buscando mejores oportunidades en otros lugares. Esta fuga de cerebros ha dejado a los hospitales sin personal y abrumados, especialmente cuando se trata de casos complejos que requieren conocimientos especializados y experiencia. Los niños, en particular, se han convertido en el grupo más vulnerable afectado por esta crisis. Cuba, históricamente conocida por sus sólidos indicadores de salud pública, incluidas las bajas tasas de mortalidad infantil, la alta esperanza de vida y los programas integrales de vacunación, ahora se enfrenta a un cambio drástico de suerte.
Mario Cruz Peñate, en representación de la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, describió el estado actual de las cosas como "chocante". Enfatizó que la escasez de combustible ha interrumpido no solo la prestación de servicios de atención médica, sino todo el continuo de atención al paciente. Los desafíos se extienden más allá del entorno clínico inmediato, afectando también a la distribución de ayuda humanitaria. En respuesta a la creciente crisis, las Naciones Unidas lanzaron un plan de emergencia de 94 millones de dólares destinado a abordar el inminente desastre humanitario causado por el bloqueo energético.
Los informes gubernamentales indican que la tasa de supervivencia de los niños con cáncer ha disminuido significativamente, de 85% antes de la imposición de restricciones energéticas en enero a solo 65%. Especialistas del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología en La Habana han documentado tendencias alarmantes, señalando que algunos niños deben viajar largas distancias para recibir tratamiento regular, a menudo retrasado debido a la escasez de combustible. Para familias como la de Adriana Felipe García, cuya hija de 4 años requiere atención médica frecuente, los obstáculos logísticos impuestos por la crisis son desgarradores y agotadores.
A medida que la situación continúa evolucionando, la comunidad internacional observa de cerca, con preocupaciones crecientes sobre las posibles implicaciones para los sistemas de salud mundiales y el panorama geopolítico más amplio.El futuro del sistema de salud de Cuba -y, de hecho, la estabilidad de su sociedad- sigue siendo incierto, colgando del equilibrio entre la resiliencia y el colapso.
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