Valérie Perrin, la autora francesa detrás de cuatro novelas y más de ocho millones de copias vendidas en todo el mundo, ha hablado con franqueza sobre los desafíos y triunfos de su viaje literario. Su última obra, Cambiar el agua de las flores, ha continuado su éxito en España, tras el lanzamiento de Tatú, que se publicó en agosto pasado. El libro, publicado originalmente en 2018, marcó un punto de inflexión en la carrera de Perrin, estableciéndola como un bestseller internacional. Ahora, con su nueva novela que continúa resonando con los lectores, reflexiona sobre cómo escribir sobre la bondad a veces puede ser percibido como literatura ligera.
Perrin comenzó su carrera como escritora después de una larga vida profesional en el cine, la fotografía y la escritura de guiones, incluidas colaboraciones con el reconocido director Claude Lelouch. Lanzó su primera novela en 2015, sin tener idea de si alguna vez vería la publicación. La segunda novela, escrita con un sentido de experimentación, presentó a un cuidador de cementerio, un tema que muchos podrían encontrar inusual. Sin embargo, contra todo pronóstico, encontró una audiencia. Durante la última década, Perrin ha escrito cuatro novelas, cada una más exitosa que la anterior, que culminaron en ventas globales superiores a ocho millones y una traducción a cuarenta idiomas.
Sus obras se han convertido en fenómenos culturales en países como Italia, Brasil y España, junto con Francia. La narrativa de Cambiar el agua de las flores se desarrolla casi en su totalidad dentro de un pequeño cementerio en Borgoña, donde Violette Toussaint, la protagonista, sirve como guardiana. Ella atiende flores, escucha a los visitantes, prepara café para los dolientes y observa cómo el dolor se transforma gradualmente en memoria. Un inspector de policía llega buscando cumplir los últimos deseos de su madre, iniciando una investigación que descubre heridas ocultas entre los personajes. En el corazón de esta historia se encuentra una exploración más profunda de la memoria, la pérdida y la posibilidad de vivir más allá de la tragedia.
A pesar del peso emocional de la trama, Perrin insiste en que la novela no trata sobre la muerte en sí misma, sino sobre la vida. "Se trata de vivir mientras puedes caminar, sentir, amar, compartir", explica. Muchos lectores creen que el libro habla de tristeza, pero ella dice que el verdadero mensaje es de conexión y renovación. Después de terminar la novela, los lectores a menudo quieren llamar a sus seres queridos, hacer las paces con alguien o hacer un viaje familiar.
Mientras sus libros exploran temas de ausencia, secretos familiares, violencia y mortalidad, rara vez se detienen en estos temas permanentemente. En cambio, los usan como catalizadores para cuestionar cómo avanzamos cuando la vida parece rota. Este equilibrio entre la gravedad y la vitalidad define su estilo de narración. Violette, aunque profundamente herida, no se convierte en una heroína trágica. Su fuerza surge de un lugar improbable en la ficción contemporánea: la bondad.
Sus novelas constantemente logran este delicado equilibrio entre lo sombrío y lo vibrante, capturando tanto la dureza como la belleza de la existencia. En Cambiar el agua de las flores, el cementerio está lleno de entierros y despedidas, pero también contiene momentos de calidez y resistencia. A medida que avanza la historia, la interacción entre la tristeza y la alegría se hace cada vez más evidente, reflejando la creencia de Perrin en el poder duradero de la conexión humana.
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