El incidente ocurrió a principios de 2023, después de un período de deterioro de la salud mental que la familia y los profesionales médicos de Clancy habían notado.
En octubre de 2022, Clancy le envió un mensaje a su madre expresando su profunda preocupación: "Mamá, por favor, ¿quieres venir y quedarte conmigo un poco? Estoy muy enferma". Ya había dado a luz a su tercer hijo, Callan, y había luchado con el agotamiento emocional y físico. A pesar de los múltiples intentos de buscar ayuda profesional, su condición empeoró. Para diciembre de 2022, Clancy había confiado tanto a su madre como a su esposo, Patrick, sobre sus pensamientos de dañar a sus hijos. Unas semanas más tarde, el 24 de enero de 2023, Clancy llevó a su hija, Cora, a una cita médica y compartió fotos de los niños con su esposo durante todo el día.
Cuando Patrick regresó a casa después de hacer mandados, encontró a su esposa paralizada en el patio trasero. Descubrió a sus dos hijos mayores, de cuatro y seis años, muertos por estrangulamiento en el sótano familiar. Callan, que tenía ocho meses, murió más tarde en el hospital. Si Clancy mató intencionalmente a sus hijos sigue siendo un tema central en el juicio, aunque la acusación no ha disputado el acto en sí. El abogado defensor Kevin Reddington ha argumentado que Clancy sufría de psicosis posparto, una enfermedad mental rara pero grave asociada con el costo físico y emocional del parto.
Según Reddington, Clancy había buscado constantemente ayuda de profesionales médicos e incluso se había internado en un centro psiquiátrico. Sin embargo, sostiene que su atención fue fragmentada, con médicos que no pudieron comunicarse de manera efectiva o compartir información crítica.
Su madre, Paula Musgrove, declaró que se había quedado con Clancy entre octubre y diciembre de 2022, señalando que Clancy temía estar sola y creía que los medicamentos que estaba tomando estaban deteriorando su función cognitiva. La ex suegra de Clancy, Susan Clancy, testificó que su hija había estado "pedindo ayuda" en los meses anteriores a los asesinatos. Los mensajes de texto intercambiados entre Clancy y su suegra revelaron su creciente temor a la dependencia de benzodiazepinas y su incapacidad para dormir sin medicamentos. La fiscalía ha desafiado la gravedad del estado mental de Clancy, señalando evidencia que sugiere que ella permaneció funcional en los días previos a los asesinatos.
Los fiscales destacaron que Clancy había llevado a sus hijos al médico, jugado con ellos en la nieve y participado en actividades rutinarias. Argumentan que estos comportamientos contradicen las afirmaciones de deterioro psicológico severo. Además, han cuestionado la credibilidad del intento de suicidio de Clancy, señalando que no había exhibido signos de manía o psicosis, como lo observaron sus médicos tratantes. El juicio continúa mientras el jurado pesa cuentas contradictorias de la salud mental de Clancy y las circunstancias que rodean la trágica muerte de sus hijos.
Los expertos médicos y los representantes legales siguen divididos sobre si las acciones de Clancy fueron el resultado de un episodio psicótico o una elección deliberada.
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