El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) ha advertido que la crisis del hambre en Afganistán está empeorando, con graves consecuencias para los niños del país y la estabilidad en general. Según el representante nacional del PMA en Afganistán, John Aylieff, la reducción de los fondos de ayuda de los países donantes significa que la organización ahora puede apoyar a solo uno de cada nueve niños desnutridos en el país. La situación ha alcanzado niveles sin precedentes, con el 47 por ciento de los menores de 15 años que sufren de desnutrición durante el primer trimestre de este año.
Más de 48 millones de personas viven en Afganistán, según estimaciones de la ONU, muchas de las cuales enfrentan inseguridad alimentaria debido al conflicto en curso y el colapso económico. Aylieff enfatizó que el hambre extrema impulsa la migración y la radicalización, lo que en última instancia conduce a la inestabilidad. Citó precedentes históricos donde la inestabilidad no respeta las fronteras.
En Kandahar, Aylieff describió una escena desgarradora que involucra a una madre de tres hijos que se vio obligada a dar a su bebé té fino en lugar de leche. Su hijo de seis años, severamente bajo peso, estaba demasiado débil para asistir a la escuela. La familia había buscado ayuda en una clínica, pero el PMA no tenía recursos para ayudarlos. Tales casos destacan las terribles condiciones a las que se enfrentan muchos afganos, especialmente en las zonas rurales donde el acceso a la ayuda es limitado. Aylieff llamó a la situación como "una generación entera que está atrofiada", enfatizando el impacto a largo plazo de la desnutrición crónica en el desarrollo físico y cognitivo. El PMA ha recibido solo alrededor del 10 por ciento de los $900 millones que necesitaba para sus operaciones en Afganistán este año.
A pesar de las expectativas de una mejor cosecha esta temporada, Aylieff señaló que esto por sí solo no aliviará la crisis. Con millones de personas más que requieren sustento, el desafío sigue siendo inmenso. En los últimos años, aproximadamente seis millones de afganos han regresado de los países vecinos, aumentando la demanda de asistencia alimentaria y poniendo presión adicional en los recursos ya estirados. La crisis refleja un problema estructural más profundo que afecta a toda la región. La violencia en curso, la inestabilidad política y las sanciones económicas han creado una tormenta perfecta de dificultades. La fatiga de los donantes y las prioridades geopolíticas cambiantes han complicado aún más los esfuerzos para proporcionar un alivio adecuado.
Mientras que algunos gobiernos han prometido aumentar la ayuda, el ritmo de entrega ha sido lento, dejando a millones sin suficiente apoyo. A medida que la situación se deteriora, la comunidad internacional se enfrenta a una creciente presión para actuar con decisión. El PMA continúa pidiendo contribuciones financieras urgentes para abordar las necesidades inmediatas de las comunidades afectadas. Sin embargo, sin un compromiso sostenido de los donantes, las perspectivas siguen siendo sombrías. La catástrofe humanitaria que se desarrolla en Afganistán sirve como un claro recordatorio de las consecuencias de descuidar las responsabilidades globales.
Por ahora, la atención se centra en la obtención de los fondos necesarios para evitar nuevas pérdidas de vidas y garantizar que los más vulnerables no se queden atrás.
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