Un estudio innovador publicado en el Journal of the American Chemical Society ha descubierto un mecanismo previamente desconocido por el cual ciertas algas ajustan sus procesos fotosintéticos en respuesta a los cambios en los niveles de pH. Investigadores de la Universidad de Constructor y la Universidad de Princeton descubrieron que un grupo específico de pigmentos conocidos como mesobiliverdinas (MBV) funcionan como reguladores dinámicos, alterando la eficiencia de la recolección de luz en función de la acidez o alcalinidad circundante. Este hallazgo sugiere que las algas poseen un "interruptor de atenuación" biológico capaz de ajustar su absorción de energía en condiciones ambientales variables.
El estudio se centró en el complejo proteico PC645, un componente clave en la maquinaria fotosintética de las algas criptofitas. Estos microorganismos prosperan en entornos acuáticos donde la intensidad y la calidad de la luz varían ampliamente, particularmente en aguas más profundas donde solo penetran longitudes de onda azul-verde. Para maximizar la captura de energía, las algas dependen de pigmentos especializados que absorben la luz en longitudes de onda específicas. Sin embargo, la efectividad de estos pigmentos puede ser influenciada por el entorno químico, específicamente, el nivel de pH del agua circundante.
Utilizando una combinación de avanzados modelos computacionales y técnicas experimentales, el equipo de investigación demostró que los MBV dentro del complejo PC645 exhiben sensibilidad a las fluctuaciones del pH. Cuando el pH aumenta, los MBV sufren sutiles cambios moleculares que reducen su capacidad de transferir energía de manera eficiente. Por el contrario, los niveles de pH más bajos permiten que los pigmentos operen con un rendimiento máximo. Este ajuste dinámico permite a las algas optimizar su producción fotosintética en respuesta a las cambiantes condiciones ambientales.
Aunque el papel funcional exacto de la regulación basada en el MBV sigue sin estar claro, los hallazgos sugieren una adaptación evolutiva potencial que permite a las algas mantener el equilibrio metabólico en hábitats variables. "Hemos encontrado efectivamente el interruptor de atenuación, pero en realidad no sabemos para qué sirve todavía", señaló. "El esfuerzo de colaboración reunió a expertos de ambas instituciones, aprovechando la física computacional y la biofísica con métodos bioquímicos experimentales. El equipo de Kleinekathöfer en la Universidad Constructor empleó simulaciones sofisticadas para predecir cómo se comportarían los MBV en diferentes condiciones de pH.
Mientras tanto, los investigadores de la Universidad de Princeton, dirigidos por el profesor Gregory Scholes, validaron estas predicciones a través de experimentos espectroscópicos. Sus resultados confirmaron que los ajustes mediados por MBV a las tasas de transferencia de energía podrían variar hasta en un 40% a 50%, dependiendo del nivel de pH. Más allá de sus implicaciones inmediatas para comprender la fisiología de las algas, el estudio sugiere una estrategia ecológica más amplia. Los investigadores observaron patrones estructurales similares en otras proteínas fotosintéticas, lo que implica que este mecanismo regulado por pH podría ser una característica común entre diversas especies.
Si es cierto, esto podría representar un rasgo adaptativo fundamental compartido por muchos organismos fotosintéticos, lo que les permite hacer frente a factores estresantes ambientales como la acidificación o los cambios de temperatura.
"Si podemos entender el mecanismo y encontrar formas de modificarlo, este es el tipo de cosa que algún día podría usarse en aplicaciones biomédicas o farmacéuticas, o para modificar los rendimientos de los cultivos, por ejemplo, en respuesta a nuestro clima cambiante", agregó.
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