Las ambiciones internacionales de España en instituciones globales clave están dando forma a la fase final del mandato legislativo del primer ministro Pedro Sánchez, con tres ofertas de alto perfil para roles de liderazgo en el Banco Central Europeo (BCE), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO). Estos esfuerzos se producen en medio del escrutinio político sobre las políticas internas de Sánchez, particularmente su postura sobre Gaza y la regularización de la inmigración, que según algunos analistas podría afectar la influencia de España en el extranjero. El gobierno ha estado trabajando entre bastidores para asegurar estos puestos, con el objetivo de mantener su perfil internacional a pesar de las controversias internas.
La candidatura de la vicepresidenta Yolanda Díaz para el liderazgo de la OIT parece ser el desafío más inmediato, ya que se enfrenta al actual director general de la OIT, Gilbert F. Houngbo, que fue reelegido por el gobierno de Togo.
La campaña de Díaz destaca los desafíos a los que se enfrenta la OIT bajo el liderazgo de Houngbo, citando temas como los fondos no pagados de los Estados Unidos y la falta de atención a las amenazas emergentes como la inteligencia artificial y el cambio climático. Su equipo argumenta que ofrece un enfoque nuevo, enfatizando la necesidad de una gobernanza más fuerte y nuevos mecanismos de financiación. También subrayan que el compromiso de larga data de España con la OIT, siendo miembro fundador y habiendo ratificado más convenciones laborales internacionales que cualquier otro país, le da a Díaz una ventaja única. Además de la oferta de la OIT, España también está presionando para que Luis Planas, el ministro de agricultura, lidere la FAO.
Este esfuerzo se alinea con objetivos más amplios para fortalecer la política agrícola y la seguridad alimentaria a nivel mundial. Mientras tanto, las discusiones están en curso con respecto al papel potencial de España en el BCE, aunque aún no se ha anunciado un candidato formal. Estas posiciones representan colectivamente una inversión diplomática y política significativa por parte del gobierno español. El éxito de estas ofertas dependerá en gran medida de la dinámica geopolítica y las preferencias de los estados miembros.
Argumentan que la participación activa de España en la OIT y su trayectoria en las reformas laborales proporcionan un caso convincente para la candidatura de Díaz. El proceso incluye varios hitos clave, comenzando con un evento público interactivo el 23 de septiembre y una reunión privada con el Consejo de Administración de la OIT el 9 de noviembre. La decisión final se tomará durante una votación secreta el 16 de noviembre, y el ganador asumirá el cargo en octubre de 2027.
Los recientes éxitos del gobierno en la colocación de funcionarios en funciones influyentes de la UE, como Nadia Calviño en el Banco Europeo de Inversiones y Teresa Ribera como comisionada de Competencia, han reforzado la confianza en su capacidad para asegurar nombramientos internacionales. Sin embargo, los intentos anteriores, incluida la candidatura fallida de Calviño para la presidencia del FMI en 2019 y la candidatura fallida de Carlos Cuerpo para la presidencia del Eurogrupo el año pasado, sirven como recordatorio de los desafíos futuros. A medida que se desarrollan los últimos meses del mandato de Sánchez, el resultado de estas ofertas internacionales será vigilado de cerca tanto a nivel nacional como internacional.
El éxito en estos roles podría reforzar la posición de España en la escena mundial, mientras que el fracaso podría complicar aún más los esfuerzos del gobierno para proyectar poder blando e influencia más allá de sus fronteras.
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