El terremoto de magnitud 6,4 sacudió a Colombia temprano el lunes por la mañana, sacudiendo gran parte del país y las naciones vecinas, con su epicentro cerca de San José del Palmar en el departamento norteño de Chocó. A pesar de originarse a una profundidad de aproximadamente 100 kilómetros, el temblor se sintió ampliamente en toda Colombia y más allá, causando daños extensos y dejando al menos 170 personas muertas y más de 700 heridas.
Aunque ambos terremotos tuvieron magnitudes similares, los expertos geológicos enfatizan que fueron eventos distintos causados por diferentes procesos tectónicos. En Venezuela, la placa del Caribe se movió horizontalmente hacia el este, creando fricción con la placa sudamericana y provocando largas rupturas superficiales. Esto llevó a una destrucción más severa debido a la profundidad más baja, solo 15 kilómetros, y una mayor densidad de población en las áreas afectadas. En contraste, el terremoto colombiano fue el resultado de la subducción de la placa de Nazca debajo de la placa sudamericana, que ocurrió a una mayor profundidad de 100 kilómetros, lo que redujo la intensidad de las sacudidas en la superficie.
La ubicación de Colombia a lo largo de un complejo límite tectónico contribuye a su alto nivel de actividad sísmica. Según Freddy Tovar, coordinador de la red sísmica nacional de Colombia, el país se encuentra en la intersección de tres placas tectónicas principales, la de Nazca, Sudamérica y el Caribe, creando condiciones para terremotos frecuentes. El Servicio Geológico Nacional de Colombia registra alrededor de 2.500 eventos sísmicos por mes, aunque la mayoría son demasiado pequeños para ser notados. Estos terremotos ocurren cuando la energía acumulada del estrés tectónico causa fracturas repentinas de roca, liberando energía en forma de ondas sísmicas.
Los expertos señalan que, si bien el terremoto colombiano fue menos destructivo que el venezolano, su impacto fue aún significativo dada la vulnerabilidad de la región. El enfoque más profundo del terremoto colombiano significó que las ondas sísmicas alcanzaron la superficie con menos fuerza en comparación con el evento venezolano poco profundo. Sin embargo, incluso esta intensidad reducida fue suficiente para causar daños generalizados en áreas donde la infraestructura no fue construida para soportar tales fuerzas. Las diferencias geológicas entre los dos terremotos resaltan cómo las interacciones tectónicas varían entre regiones.
En Venezuela, el movimiento de la placa del Caribe contra la placa sudamericana creó largas rupturas superficiales, lo que condujo a una deformación del suelo más extensa. En Colombia, el proceso de subducción de la placa de Nazca bajo la placa sudamericana generó un patrón diferente de liberación de energía, que afecta el tipo y el alcance del daño observado. Las autoridades continúan evaluando la situación en Colombia, centrándose en operaciones de rescate y evaluaciones de daños.
Los sismólogos sugieren que, si bien el riesgo de grandes terremotos secundarios es relativamente bajo, los temblores más pequeños siguen siendo posibles en los próximos días y semanas. El enfoque ahora se centra en los esfuerzos de recuperación, incluida la reconstrucción de la infraestructura dañada y la garantía de la seguridad pública en regiones que anteriormente no se vieron afectadas por una actividad sísmica tan intensa.
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