Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, parece tener la intención de modificar aún más el protocolo establecido por la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) durante la ceremonia de entrega de la Copa del Mundo.
Según lo informado por TalkSport, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, habría dado su aprobación al plan de Trump, pero dejó abierto el debate sobre cómo esta acción podría influir en los procedimientos estandarizados.
La ceremonia de premiación de los Mundiales sigue un protocolo bien definido, en el que el trofeo original se coloca en un pedestal. Después de la premiación de los árbitros y del equipo perdedor, comienza el momento de la celebración del equipo campeón del mundo. El trofeo es entregado a las manos de un miembro del equipo ganador, generalmente el capitán, por parte del presidente de la FIFA. Sin embargo, Trump desea modificar esta secuencia, con la intención de ser él mismo quien entregue el trofeo a los vencedores.
Ello implicaría una modificación sustancial de las normas establecidas, con el riesgo de crear tensiones entre los dirigentes deportivos y los jugadores, especialmente teniendo en cuenta la presencia de los presidentes de Canadá y México, coorganizadores del torneo.
Este escenario recuerda el episodio del verano anterior, cuando Trump había participado en la ceremonia de premiación del Mundial por Club, celebrada entre Chelsea y PSG en el MetLife Stadium. En esa ocasión, su presencia había creado un cierto embarazo entre los jugadores, con algunos de ellos manifestando sorpresa y confusión. Cole Palmer, uno de los jugadores de Chelsea, incluso le había preguntado a Reece James, el capitán del equipo, qué iba a hacer con el presidente de los Estados Unidos en el escenario. La situación había suscitado comentarios contrastantes, con algunas críticas dirigidas a Trump por ser intruso en el momento dedicado a los futbolistas.
Las fuentes internas de la Casa Blanca sugieren que Trump podría repetir la experiencia con el equipo ganador del Mundial, eligiendo participar activamente en la ceremonia, como ya hizo con el Chelsea. A pesar de esto, su participación podría nuevamente generar descontento entre los jugadores y los dirigentes, especialmente si su comportamiento debería limitar la visibilidad de los futbolistas durante la entrega del trofeo. Al mismo tiempo, Trump podría decidir permanecer cerca de los dirigentes, manteniendo una cierta distancia de los jugadores, una elección que podría verse como estratégica para evitar una mayor vergüenza.
Además, Trump no ha asistido al partido de debut del equipo estadounidense contra el Paraguay, debido a compromisos ya programados, pero está previsto que asista a la final del Mundial en el MetLife Stadium el 19 de julio. Antes de eso, podría asistir a otro partido del torneo, contribuyendo a crear un clima de expectación e interés en torno a su participación. Su presencia también podría influir en la moral del equipo, dependiendo de cómo se desarrolle su interacción con los jugadores.
La FIFA, a pesar de haber dado su aprobación a Trump, deberá manejar cuidadosamente esta situación, tratando de equilibrar la voluntad del presidente estadounidense con las expectativas de los jugadores y de los dirigentes. La cuestión podría convertirse en un tema de discusión durante la ceremonia, con el riesgo de crear fricciones o de suscitar polémica. La FIFA, sin embargo, parece dispuesta a permitir que Trump actúe en base a sus preferencias, siempre que no viole las normas fundamentales del protocolo. La situación permanece a la espera de desarrollarse, con la atención concentrada en la ceremonia del 19 de julio, un evento que podría registrar otra página de la historia del fútbol internacional.
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