El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, defendió la campaña de los Estados Unidos para debilitar la Corte Penal Internacional (CPI), afirmando que estaba dirigida a proteger a aliados como el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en lugar de atacarse a sí mismo. Hablando después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, informara que cinco países planeaban retirarse de la CPI, Trump enfatizó que no había evidencia de que la CPI buscara procesarlo. Rubio destacó los riesgos para el personal militar estadounidense que enfrentaba posibles enjuiciamientos futuros por acciones en tiempo de guerra. La CPI, establecida en 2002, procesa crímenes de guerra y atrocidades, pero no tiene jurisdicción sobre los Estados Unidos. La oposición de Trump a la CPI se remonta a su primer mandato presidencial, intensificándose después de que la CPI emitió una orden de arresto contra Netanyahu por presuntos crímenes de guerra en Gaza. La administración Trump ha abogado por que otras naciones abandonen la CPI e impusieron sanciones a la corte y sus afiliados.
Lectura del sesgo (Conservador): El artículo enmarca la campaña estadounidense contra la CPI como una medida defensiva para proteger a los aliados, alineándose con las narrativas conservadoras que ven a las instituciones internacionales como amenazas a la soberanía nacional.






