El gobierno suizo ha anunciado nuevas regulaciones destinadas a prevenir futuras crisis bancarias, tras el colapso del Credit Suisse el año pasado. El consejo federal ha aprobado medidas diseñadas para responsabilizar a los bancos, incluido el fortalecimiento de la supervisión financiera y la introducción de reglas más estrictas sobre los pagos de bonificaciones. Estos cambios tienen como objetivo garantizar que ningún banco vuelva a enfrentar una situación similar a Credit Suisse, que condujo a una gran crisis en el sector financiero del país. Las reformas propuestas incluyen mayores poderes para la Autoridad de Supervisión del Mercado Financiero (Finma) y controles más estrictos sobre la compensación de los ejecutivos.
Bajo las nuevas reglas, las bonificaciones podrían ser recuperadas si los gerentes no cumplen con los objetivos de rendimiento o se involucran en mala conducta. Esto sigue a las preocupaciones de que la asunción excesiva de riesgos y la falta de responsabilidad contribuyeron a la debacle de Credit Suisse. Las medidas también tienen como objetivo mejorar la gestión de la liquidez durante el estrés financiero, asegurando que los bancos puedan resistir mejor las crisis económicas. La decisión se produce después de años de debate sobre cómo equilibrar la supervisión regulatoria con la competitividad del sector financiero de Suiza.
Por ejemplo, el Grupo Raiffeisen ha expresado su preocupación de que ser clasificado como relevante para el sistema signifique que se enfrentaría a requisitos más estrictos que otros bancos. Por el contrario, se espera que las instituciones más grandes como UBS manejen las nuevas obligaciones sin dificultad. Los bancos más pequeños con menos de 250 empleados no estarán sujetos a las reglas más estrictas, una disposición descrita como relativamente justa. Sin embargo, la Asociación Suiza de Banqueros ha alertado sobre la posible creación de una "super autoridad" con amplios poderes para intervenir en las operaciones bancarias.
La asociación argumenta que esto podría conducir a una regulación demasiado intrusiva, lo que podría socavar la independencia de las instituciones financieras. A pesar de estas preocupaciones, muchos ven las reformas como pasos necesarios hacia una mayor estabilidad. El gobierno ha enfatizado que el objetivo no es eliminar todos los riesgos, sino garantizar que los bancos estén mejor preparados para las crisis.
Algunos banqueros reconocen que los cambios aumentarán sus responsabilidades y costos, mientras que otros creen que los beneficios superan los desafíos. El debate refleja tensiones más amplias entre mantener el atractivo del centro financiero suizo y garantizar que funcione con suficiente transparencia y resiliencia. A medida que continúen las discusiones, la atención se centrará en la eficacia de estas medidas para prevenir futuras crisis.
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