La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) anunció el lunes que exigirá a las empresas que notifiquen a la agencia antes de agregar nuevas sustancias a los productos alimenticios, lo que marca la primera vez que se implementa un requisito de este tipo.
Las empresas que ya utilizan sustancias GRAS también deberán revelar cómo se aplican estos aditivos, con la información disponible públicamente en una base de datos centralizada administrada por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS). La política tiene como objetivo cerrar una brecha de larga data en la supervisión regulatoria. Durante décadas, los aditivos alimentarios han entrado en el mercado con un escrutinio mínimo, confiando en la autoevaluación de la industria en lugar de una evaluación independiente. Los defensores argumentan que este sistema ha permitido que miles de productos químicos no probados ingresen al suministro de alimentos, dejando a los reguladores y consumidores en la oscuridad sobre los posibles impactos en la salud.
Vani Hari, conocida en línea como FoodBabe, elogió la iniciativa como un "gran paso adelante", enfatizando que la transparencia es esencial para las elecciones informadas de los consumidores. Señaló que el nuevo requisito permitiría a la FDA y a los investigadores rastrear mejor qué aditivos se consumen comúnmente y evaluar su seguridad con el tiempo. El secretario de HHS, Robert F. Kennedy Jr., ha criticado durante mucho tiempo el proceso GRAS, calificándolo de una laguna obsoleta que permite que las sustancias peligrosas omitan las pruebas rigurosas. Su movimiento Make America Healthy Again (MAHA) ha hecho campaña contra la práctica, argumentando que permite la proliferación de alimentos cargados químicamente.
Kennedy ha dirigido específicamente a los colorantes artificiales, como el tinte rojo No. 3, que se han asociado con efectos adversos en estudios con animales. Aunque la administración Biden recientemente prohibió el tinte rojo No. 3, Kennedy continúa presionando para reformas más amplias. Sin embargo, la nueva propuesta de la FDA no elimina por completo la exención GRAS. En su lugar, ordena la divulgación, asegurando que la agencia obtenga una mayor visibilidad en la composición de los productos alimenticios.
Tal poder requeriría acción del Congreso para enmendar la Ley de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos de 1938. No obstante, Diamantas describió la política como un "cambio significativo" que mejora la transparencia y fortalece la capacidad de la FDA para monitorear el suministro de alimentos. La agencia llevará a cabo dos revisiones de cada solicitud GRAS presentada: una evaluación preliminar dentro de los 45 días y una evaluación más exhaustiva dentro de los 180 días. Durante este período, la FDA puede solicitar información adicional o rechazar aplicaciones que no cumplan con los estándares legales. Los expertos en salud pública generalmente han acogido con satisfacción el cambio hacia una mayor supervisión.
Jennifer Pomeranz, abogada e investigadora de salud pública, destacó la importancia del monitoreo posterior a la comercialización, señalando que sin este requisito, la FDA carecería de las herramientas para identificar sustancias potencialmente dañinas. Señaló que muchas compañías de alimentos no divulgan voluntariamente los ingredientes GRAS, ni en las etiquetas ni a los organismos reguladores. Sin este requisito, no hay un método para que la FDA identifique su existencia, dijo. Sin embargo, algunos críticos siguen siendo escépticos.
El ex comisionado de la FDA, David Kessler, argumentó que la política no aborda las causas de las enfermedades crónicas, como el consumo excesivo de azúcares refinados y carbohidratos procesados, que prevalecen en los alimentos ultraprocesados. Mientras tanto, ha surgido una tendencia separada en el ámbito de los procedimientos cosméticos, con un número creciente de personas que recurren a tratamientos autoadministrados.
Si bien la FDA regula estas sustancias como medicamentos recetados, la facilidad de acceso y la asequibilidad han impulsado la demanda, especialmente entre aquellos que buscan alternativas a los costosos tratamientos profesionales.
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