El lunes 10 de agosto, un poderoso terremoto azotó varias regiones de Colombia, causando daños generalizados a la infraestructura comercial y residencial. En el corazón de Quibdó, la capital del departamento de Chocó, uno de los incidentes más comentados fue el colapso parcial de una tienda de ropa de larga data con una historia que abarca siete décadas. A pesar de la destrucción, una imagen religiosa de la Virgen María permaneció intacta, de pie entre los escombros. La tienda, que había estado operando durante 70 años, se convirtió en un punto central de referencia para el comercio y el empleo locales.
Los propietarios decidieron abrir más tarde de lo habitual el día del terremoto, lo que significa que no había clientes dentro cuando la estructura se derrumbó. Al regresar para evaluar el daño, confirmaron que gran parte del techo se había caído y los elementos estructurales se habían derrumbado en áreas clave. El área de exhibición, el vestuario y los estantes se encontraban entre las zonas más afectadas, con una gran parte del inventario atrapado debajo de los escombros.
A pesar del derrumbe circundante y la reducción de partes del edificio a escombros, la figura religiosa no mostró fracturas o desplazamientos visibles. Los comerciantes optaron por mantener la imagen en su ubicación mientras continuaban con los esfuerzos de eliminación y recuperación de mercancías recuperables. A medida que las autoridades locales y las organizaciones de gestión de riesgos trabajan para evaluar el impacto general del terremoto en Chocó, los propietarios de las tiendas centrarán sus esfuerzos en la reconstrucción del espacio. Su prioridad es reanudar las operaciones y mantener los empleos que dependen de este negocio. Mientras tanto, el terremoto también trajo la tragedia a otras partes del país.
El periodista José Patiño perdió a su padre, Darío Patiño, quien murió después de quedar atrapado bajo los escombros del edificio en el que vivía. Durante días, Patiño se centró en encontrar a su padre, luego recuperar su cuerpo y finalmente darle una despedida adecuada. Compartió su experiencia con SEMANA, describiendo el viaje emocional a través de la búsqueda, la incertidumbre y la eventual identificación de los restos de su padre.
La historia de la familia ha conmovido a muchos, especialmente a medida que amigos y familiares organizan esfuerzos de recaudación de fondos para apoyar la recuperación de Ana. En Cali, el terremoto causó daños extensos, lo que provocó el colapso de edificios y la pérdida de vidas. Entre las víctimas se encontraba el joven Martín Vivas Jiménez, junto con su madre y su abuela, que fueron encontrados muertos en las ruinas del edificio Ana Pilar.
La comunidad llora su pérdida, y las familias comparten mensajes de dolor y recuerdo, destacando las profundas conexiones personales que se han roto. 4 en la escala de Richter, fue el más fuerte en la historia reciente de Colombia, según el Servicio Geológico Colombiano (SGC). Ocurrió a una profundidad de 103 kilómetros y fue influenciado por la interacción de las placas tectónicas de Nazca, Sudamérica y el Caribe. El movimiento desencadenó numerosas réplicas, algunas de las cuales llevaron a evacuaciones y aumentaron el miedo entre los residentes en las regiones del Pacífico y el Cinturón del Café. A pesar de la devastación, hay una creciente conciencia de la necesidad de información precisa durante tales crisis.
Los gobiernos locales han emitido advertencias contra la difusión de información falsa, particularmente con respecto a posibles demoliciones de edificios. En Cali, los funcionarios han negado los rumores de planes de implosión inmediata, enfatizando que cualquier decisión requeriría evaluaciones técnicas antes de proceder. En todo el país, las secuelas continúan desarrollándose. En Pereira, los equipos de búsqueda y rescate siguen activos, trabajando para localizar personas desaparecidas y recuperar cuerpos. La ciudad se ha convertido en un punto focal tanto para el duelo como para la esperanza, ya que las comunidades se unen para apoyar a los sobrevivientes y comenzar el proceso de reconstrucción.
Mientras tanto, en Chocó, los efectos del desastre han expuesto vulnerabilidades de larga data, particularmente en áreas remotas con acceso limitado a servicios básicos. El terremoto ha dejado a más de 43,000 personas afectadas, con escuelas y centros de salud dañados o destruidos. En Quibdó, casi la mitad de las comunidades de la región Litoral de San Juan se vieron gravemente afectadas, con muchas que carecen de electricidad, agua limpia y comunicaciones confiables. Los desafíos de la reconstrucción se ven agravados por la falta de infraestructura y recursos, lo que hace que el camino a seguir sea complejo y urgente.
Desde la milagrosa supervivencia de la imagen de la Virgen en Quibdó hasta las desgarradoras historias de familias desgarradas, el terremoto ha dejado una huella indeleble en la vida de miles de personas.
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