El nuevo parlamento de Siria, conocido como la Asamblea Popular, se reunió en Damasco el 12 de julio de 2026, marcando la primera vez desde la caída del régimen del presidente Bashar al-Assad a fines de 2024 que el cuerpo legislativo del país se ha reunido. A pesar de su importancia simbólica, la asamblea opera con autoridad limitada sobre las acciones del gobierno. Sus miembros, seleccionados a través de una mezcla de nombramientos directos y elecciones indirectas, no representan partidos políticos y generalmente han evitado involucrarse con el público o los medios de comunicación.
La formación de la asamblea se produce en medio de desafíos en curso, incluido un bombardeo que se cobró diez vidas solo días antes. A pesar de las preocupaciones de seguridad, los legisladores continuaron con sus deberes, señalando una determinación de reconstruir los elementos fundamentales de la gobernanza. El regreso del parlamento representa más que un paso procesal, simboliza un intento de restaurar los procesos democráticos y la legitimidad institucional en una nación profundamente marcada por el conflicto y el gobierno autoritario. Bajo el régimen de Assad, el sistema parlamentario funcionó principalmente como una herramienta de control político, aprobando leyes que suprimían las libertades individuales mientras reforzaban el dominio estatal.
El nuevo parlamento se enfrenta a la difícil tarea de revisar cientos de leyes obsoletas, redactar una nueva constitución y abordar las demandas sociales urgentes para mejorar las condiciones de vida y la justicia. Los analistas argumentan que el éxito de este esfuerzo determinará si la revolución puede lograr una transformación duradera. Aproximadamente un tercio de los parlamentarios actuales fueron nombrados por el presidente interino Ahmed al-Sharaa, mientras que otros fueron seleccionados a través de un proceso de elección indirecta que involucra a los consejos locales. La asamblea incluye representantes de diversas regiones, minorías étnicas y comunidades tribales, con 22 miembros femeninos entre sus filas.
Algunas figuras notables incluyen ex prisioneros políticos de la era de Assad y destacados líderes empresariales, lo que refleja los esfuerzos por ampliar la representación. Los legisladores han expresado su compromiso con un extenso trabajo preparatorio, dedicando largas horas a redactar legislación en los meses previos a la apertura de la asamblea. Sin embargo, algunos se han distanciado de los comentarios públicos, citando nuevas restricciones al compromiso de los medios de comunicación.
Entre las primeras prioridades de la asamblea se encuentran las reformas destinadas a mejorar los derechos de las mujeres, mejorar las libertades de los medios de comunicación y modernizar las regulaciones comerciales. Estos cambios son cruciales para atraer la inversión extranjera, ya que varias empresas internacionales esperan la aprobación de una ley de inversión antes de comprometerse con nuevas empresas en Siria. Los sociólogos enfatizan la necesidad de cambios culturales y conexiones más fuertes entre los ciudadanos y el cuerpo legislativo, señalando que la confianza pública sigue siendo frágil. A pesar de estos desarrollos, el escepticismo persiste entre algunos sirios. En las calles de Damasco, las conversaciones a menudo reflejan dudas sobre la capacidad de la asamblea para lograr un cambio significativo.
Muchos siguen dando prioridad a las necesidades inmediatas, como el acceso al agua potable y la electricidad, lo que pone de relieve la brecha entre las ambiciones legislativas y las realidades diarias.A medida que avanza la asamblea, su capacidad para abordar tanto las reformas estructurales como las preocupaciones de base dará forma a su legado en el cambiante panorama político de Siria.
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