El miércoles, los científicos llevarán a cabo una rara oportunidad de estudiar el sol durante un eclipse solar total, que se extenderá a través de Groenlandia, Islandia y España. Este evento celeste ofrece a los investigadores una oportunidad única de examinar la corona del sol, la atmósfera exterior, utilizando instrumentos especializados a bordo de un avión de investigación y globos de gran altitud lanzados desde Islandia. El eclipse permitirá observaciones que podrían ayudar a resolver misterios de larga data en la física solar, particularmente con respecto a las temperaturas extremas encontradas en la corona. El camino del eclipse total comienza sobre Groenlandia y se mueve hacia el sur a través de Islandia antes de llegar a España.
En Alemania, los observadores presenciarán un eclipse parcial, con el sol oscurecido hasta en un 90 por ciento en el extremo suroeste. Durante este tiempo, la sombra de la luna viajará a través de la Tierra a aproximadamente 2500 kilómetros por hora, creando una estrecha banda de oscuridad que dura solo unos minutos en cualquier lugar del suelo. Sin embargo, un avión especialmente equipado operado por la NASA planea seguir el movimiento de la sombra desde Islandia, extendiendo la duración de las condiciones de eclipse total experimentadas por la tripulación a casi tres minutos. La corona, a pesar de ser millones de grados más caliente que la superficie del sol, ha desconcertado a los científicos durante décadas.
Los investigadores esperan que los datos recopilados durante el eclipse proporcionen información sobre cómo se produce este calentamiento. A bordo de la aeronave, una cámara capturará 20 imágenes de alta resolución de la corona cada segundo, ofreciendo información visual detallada sobre su estructura y dinámica. Además de las observaciones en el aire, dos equipos de investigación en Islandia planean lanzar alrededor de 80 globos dentro de una ventana de 18 horas antes y después del eclipse. Estos globos tienen como objetivo investigar cómo el eclipse afecta la capa límite de la atmósfera de la Tierra, donde el aire se encuentra con la superficie. Factores como la temperatura y la humedad influyen en el grosor de esta capa, según la NASA.
Observatorios espaciales como el Solar Orbiter y SOHO también aprovecharán el eclipse. Normalmente, estos satélites usan ocultadores artificiales para bloquear el disco brillante del sol, simulando un eclipse para observar la corona. Sin embargo, debido a preocupaciones de seguridad, el tamaño de estos ocultadores debe exceder el diámetro del sol para evitar daños por luz extraviada. Como resultado, estos instrumentos generalmente comienzan a observar la corona solo a distancias mayores de la mitad del radio solar de la superficie.
Según Daniel Müller, un experto solar de la Agencia Espacial Europea, este ángulo permitirá la creación de imágenes estereoscópicas tridimensionales de estructuras dentro de la corona. Dichas imágenes pueden mejorar la comprensión de los fenómenos solares y su evolución. Históricamente, los eclipses solares totales han desempeñado un papel crucial en el descubrimiento científico. Antes de la era espacial, fueron el principal medio para estudiar la corona. Un ejemplo notable fue el eclipse total del 8 de julio de 1842, observado desde el sur de Francia, el norte de Italia y Austria.
El 29 de mayo de 1919 se produjo un eclipse que proporcionó evidencia crítica en apoyo de la teoría de la relatividad de Einstein. Las observaciones de la luz de las estrellas que se doblan cerca del sol confirmaron las predicciones hechas por la teoría, marcando un punto de inflexión en la física moderna. Hoy en día, oportunidades similares continúan impulsando avances en la ciencia solar, utilizando métodos tradicionales y de vanguardia para explorar las complejidades de nuestra estrella más cercana.
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