Brad Pitt ha reanudado el consumo de alcohol después de siete años de sobriedad, según informes de medios de comunicación austriacos. El actor, conocido por su papel de doble Cliff Booth en The Adventures of Cliff Booth, que comienza su carrera teatral en noviembre, admitió durante una entrevista con Esquire que había recaído en la bebida. Sin embargo, describió la situación como más moderada, señalando que aunque ocasionalmente se excedió, reconoció que el consumo excesivo no le benefició. El regreso de Pitt al alcohol sigue a un período de intensa lucha personal.
En entrevistas anteriores, incluyendo una con el podcast Armchair Expert con Dax Shepard, detalló cómo su relación problemática con el alcohol contribuyó significativamente a sus desafíos personales.
Aunque no se presentaron cargos penales, el matrimonio terminó, lo que llevó a una batalla por la custodia. Pitt más tarde reconoció que su comportamiento había causado muchos problemas, algunos de los cuales estaban directamente vinculados a sus problemas matrimoniales. En 2017, Pitt habló abiertamente sobre someterse a terapia y mantener la sobriedad. Acreditó a su amigo Bradley Cooper, que había estado sobrio desde 2004, por ayudarlo a comprender el impacto de su consumo de alcohol. Desde entonces, ha discutido repetidamente las consecuencias de su comportamiento pasado. El año pasado, compartió sus experiencias con Alcohólicos Anónimos, describiéndose a sí mismo como "so ziemlich am Boden, auf den Knien", enfatizando lo profundamente afectado que había sido por su adicción.
Ahora, con el lanzamiento de The Adventures of Cliff Booth, Pitt ha vuelto a tocar su historia de consumo de alcohol. Durante la entrevista con Esquire, declaró: "Estoy siete años en el trocken. " Mientras reconocía esta recaída, enfatizó que no era grave. "Auf etwas gemäßigtere Weise. Ich bin ein paar Mal übermütig geworden, habe dann aber gemerkt: Das tut mir nicht gut". Esta admisión se produce en medio de discusiones más amplias sobre el abuso de sustancias y la recuperación. Una psicoterapeuta llamada Monika Spiegel explicó que el consumo controlado de alcohol puede funcionar en ciertas condiciones, pero se vuelve cada vez más difícil a medida que avanza la dependencia.
Ella señaló que los síntomas físicos como temblores, sudoración o inquietud indican una pérdida de control, lo que hace que la sobriedad sostenida sea más difícil de mantener. Spiegel también destacó los signos psicológicos, como los antojos, que a menudo preceden a la dependencia física. En Austria, donde el consumo de alcohol es generalmente aceptado, beber regularmente a veces se considera inofensivo. Sin embargo, enfatizó que la distinción clave radica en perder el control, pasando del disfrute al consumo problemático. Señaló que incluso pequeñas indulgencias, como beber dos cervezas en lugar de una, pueden marcar el comienzo de una pendiente resbaladiza.
Aunque reconoce su recaída, no parece estar regresando al consumo excesivo. Este equilibrio refleja tanto su lucha continua con la adicción como su conciencia de sus posibles consecuencias.
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