El artículo analiza las crecientes preocupaciones de los europeos con respecto a la posible abolición del efectivo, a pesar de las garantías de instituciones como el Banco Central Europeo (BCE) y la Unión Europea de que no tienen planes para eliminar la moneda física. Si bien el uso de efectivo ha disminuido en Alemania, con menos cajeros automáticos y sucursales bancarias, el BCE está trabajando en nuevas monedas en euros, y la UE está preparando regulaciones que requieren que los comerciantes acepten pagos en efectivo. Los expertos enfatizan que, si bien el efectivo es costoso de mantener (estimado en alrededor de € 20 mil millones anuales), proporciona beneficios sociales como la inclusión financiera y la privacidad, especialmente para grupos vulnerables como los ancianos y aquellos sin acceso bancario. Mientras tanto, los métodos de pago digital tienen sus propios costos, incluidas las tarifas de transacción transmitidas a los consumidores a través de precios más altos. El artículo destaca los temores alimentados por la desinformación y las narrativas populistas, pero destaca que el problema real se encuentra más allá del método de pago.
Lectura del sesgo (Centro): El artículo presenta una visión equilibrada del debate sobre el efectivo, citando tanto las preocupaciones planteadas por los ciudadanos y los expertos, como las posiciones oficiales del BCE y la UE.



