La política económica de Argentina enfrenta una severa limitación en sus esfuerzos por estimular la actividad, con un espacio limitado para aumentar el gasto público o reducir significativamente los impuestos, dos herramientas fiscales tradicionales de estímulo. Como resultado, el gobierno ha cambiado su enfoque hacia la gestión de los recursos existentes de manera más eficiente en lugar de ampliarlos. El desafío principal ahora radica en cómo administrar lo que ya existe, en lugar de simplemente aumentar el gasto.
En este contexto, la principal oportunidad surge no del aumento del gasto, sino de una mejor gestión de los recursos disponibles. Después de más de treinta meses en el poder, la administración actual aún no ha lanzado un ambicioso programa de infraestructura financiado a través de concesiones, asociaciones público-privadas, organizaciones multilaterales y mercados de capital. Esta situación ha generado críticas de algunos sectores, particularmente entre aquellos que consideran que el papel del estado es central para el crecimiento económico. Sin embargo, hay un creciente reconocimiento de que movilizar la inversión privada sin comprometer el equilibrio fiscal representa una alternativa viable.
La distinción es crucial: no se trata de revivir el viejo modelo de obras públicas financiadas con fondos públicos, que históricamente condujo a déficits, sino de canalizar la inversión privada mientras se mantiene la estabilidad fiscal. La diferencia entre estos modelos determina si un país opera con déficit o superávit. Las reservas de divisas del país han superado los $ 50 mil millones, y el gobierno continúa fortaleciendo su estrategia financiera. Un ambicioso programa de infraestructura ofrecería un doble beneficio. En primer lugar, podría apoyar la construcción y el empleo, dos sectores fuertemente afectados por el clima económico actual.
En segundo lugar, a largo plazo, tales proyectos eliminarían los cuellos de botella que actualmente obstaculizan la productividad en el transporte, puertos, ferrocarriles, energía y logística. Estos cuellos de botella son problemas estructurales, ya que incluso los países con recursos naturales de clase mundial pueden no capitalizarlos sin una infraestructura y sistemas logísticos eficientes. Este diagnóstico se alinea con el mensaje transmitido por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su Director Gerente enfatizó que la estabilización macroeconómica es solo el primer paso y destacó la infraestructura como uno de los pilares esenciales para que Argentina se convierta en una economía desarrollada.
En su intervención, la ministra de Economía, Desarrollo y Empleo, Ana María de los Santos, destacó la importancia de la economía nacional y su capacidad para generar empleo y desarrollo, así como la necesidad de que la economía nacional se transforme en una economía de crecimiento y desarrollo, y que la economía nacional se transforme en una economía de desarrollo.
El oleoducto Duplicar Plus, ahora operativo, ha aumentado la capacidad de evacuar petróleo al Atlántico de 225.000 a 540.000 barriles por día. La construcción está en marcha en otro proyecto destinado a eliminar los cuellos de botella en la parte norte de la cuenca, y una fase posterior acercaría el sistema a 900.000 barriles por día. Además, una nueva ruta de exportación se abrirá para 2027, conectando la cuenca de Neuquén con la costa atlántica con una capacidad de 550.000 barriles por día.
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