Jane Seymour, mejor conocida por su papel de Solitaire en la película de James Bond de 1973 Live and Let Die, recientemente contó la experiencia desgarradora que enfrentó durante la filmación de una de las secuencias más dramáticas de la película. La escena, que involucra una ceremonia de vudú donde se usa una serpiente venenosa para amenazar a su personaje, dejó una impresión duradera en la actriz, quien describió el momento con vívidos detalles en una reciente entrevista con CNN. La secuencia tiene lugar hacia el final de la película, donde el antagonista, el barón Samedi, intenta matar a Solitaire usando una serpiente mortal durante un ritual. Bond interviene justo a tiempo para salvar su vida.
Seymour, ahora de 57 años, recordó cómo tuvo que soportar la presencia de una serpiente viva durante el rodaje, a pesar de tener un miedo profundamente arraigado a los reptiles. "Odio, odio, odio las serpientes", admitió. "El actor encargado de mantener la serpiente cerca de su cara fue mordido por la criatura durante el rodaje, lo que aumentó la tensión. Según Seymour, la serpiente fue arrojada directamente frente a ella, lo que la llevó a gritar incontrolablemente. El equipo de producción eliminó rápidamente el animal del set, y la escena continuó sin el actor herido.
La interpretación de Seymour en Solitario marcó su gran avance en Hollywood. En ese momento, estaba apenas comenzando su carrera y había sido elegida principalmente porque los cineastas estaban buscando a alguien que pudiera interpretar a una virgen, algo que más tarde encontró problemático. Notó que la prensa británica la etiquetó simplemente como una chica Bond después de la película, una designación que no captó completamente en ese momento. Esto la llevó a mudarse a los Estados Unidos, donde sintió que su trabajo sería tomado más en serio.
Sus actuaciones le valieron elogios de la crítica, incluyendo un Premio Emmy y dos Globos de Oro. A pesar de esto, a menudo ha reflexionado sobre sus primeras experiencias en la franquicia de Bond, reconociendo tanto los desafíos como las oportunidades que presentaban. La realización de Live and Let Die estuvo plagada de dificultades más allá del incidente de la serpiente. Dirigida por Guy Hamilton y protagonizada por Roger Moore en su debut como James Bond, la película enfrentó obstáculos logísticos, incluida la necesidad de crear auténticos rituales de vudú y gestionar peligrosas acrobacias. Estos desafíos se vieron agravados por las altas expectativas puestas en la producción, dada la popularidad de la marca Bond.
Las memorias de Seymour proporcionan información sobre el costo físico y emocional de trabajar en un proyecto de tan alto perfil. Si bien la película en sí misma se convirtió en un clásico de culto, las historias detrás de escena han permanecido en gran parte no contadas hasta ahora. Su relato franco arroja luz sobre las realidades de ser parte de una película de taquilla, particularmente una que involucra secuencias de acción complejas y efectos especiales. A medida que la industria del cine continúa evolucionando, el legado de Live and Let Die sigue siendo un punto de discusión entre los fanáticos e historiadores. Las reflexiones de Seymour ofrecen una perspectiva personal sobre el impacto duradero de su papel y el contexto más amplio de las mujeres en el cine de acción durante la década de 1970.
Su viaje de una actriz relativamente desconocida a una figura respetada en el entretenimiento subraya la importancia de sus contribuciones tanto a la franquicia de Bond como a la industria cinematográfica en su conjunto.
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