Sarah Khalifa, una destacada personalidad de la televisión egipcia con millones de seguidores en Instagram, fue condenada a muerte por ahorcamiento en una sala de audiencias de El Cairo por su participación en una red de tráfico de drogas. Fue declarada culpable de organizar la importación de productos químicos, la fabricación de narcóticos sintéticos y el tráfico de sustancias ilícitas como El Bodra (un cannabinoide sintético) y GHB (una droga de violación). Otros nueve fueron condenados a cadena perpetua, mientras que siete de los 28 acusados originalmente fueron absueltados. Los abogados de Khalifa afirman que se produjeron errores legales procesales durante el juicio e intentan apelar la decisión, argumentando que el veredicto será revocado. Khalifa niega todos los cargos, afirmando que no tenía conocimiento de narcóticos y que sus afirmaciones fueron utilizadas como una tapadera para transacciones financieras.
Lectura del sesgo (Centro): Mientras que la sentencia de un individuo de alto perfil plantea el interés público y las posibles implicaciones políticas, el artículo presenta los hechos del caso sin favorecer abiertamente ninguna postura política.





