El reciente accidente de tráfico en el que participó la presidenta de la República de Eslovenia, Nataša Pirc Musar, ha despertado un amplio interés público y ha generado preocupaciones sobre los posibles riesgos de seguridad vinculados a su amiga Viktorija Krivolucka. El incidente, que ocurrió el 31 de julio de 2026, cerca del cruce de Kastelec en la autopista A1, ha llevado a un intenso escrutinio de los medios de comunicación y a especulaciones sobre la naturaleza de los vínculos de Krivolucka con los servicios de inteligencia rusos.
Aunque ha negado categóricamente cualquier participación en actividades de espionaje, las circunstancias que rodean su relación con el ex oficial de inteligencia Roman Jeglič han alimentado una mayor controversia. Krivolucka, que estuvo presente durante el accidente y sufrió lesiones, ha sido descrita por algunos como un riesgo potencial de seguridad debido a sus supuestas conexiones con Jeglič, un ex director del Servicio de Información de Seguridad (VIS), ahora conocido como la Agencia de Inteligencia Eslovena (Sova). Según los informes, tanto Krivolucka como Jeglič estaban registrados en la misma dirección en Krasnoyarsk, Siberia, alrededor de 2010.
Esta información salió a la luz después del periodismo de investigación de la agencia de prensa austriaca APA y el periódico esloveno Dnevnik, que descubrió los vínculos entre Krivolucka y Jeglič a través de bases de datos rusas accesibles al público. Jeglič, una vez un funcionario de alto rango dentro del VIS, estuvo implicado en varios escándalos, incluido su papel en el infame asunto JBTZ, que condujo al arresto del ex primer ministro Janez Janša. Más tarde dejó Eslovenia para Rusia y se asoció con la compañía rusa Gorenje. Su presencia en Krasnoyarsk coincidió con el tiempo de Krivolucka allí, planteando preguntas sobre su relación y sus implicaciones para la seguridad nacional.
Krivolucka, que tiene doble nacionalidad, eslovena y rusa, ha negado consistentemente cualquier participación en el trabajo de inteligencia. Afirma que no estaba al tanto del pasado de Jeglič y que su relación era puramente personal. Sin embargo, el momento de su residencia compartida en Krasnoyarsk, junto con los frecuentes viajes a Rusia de Pirc Musar, ha llevado a especulaciones sobre una posible influencia o colusión. Los informes indican que Pirc Musar y Krivolucka visitaron Rusia juntos al menos siete veces entre 2015 y 2022, incluida una visita de Año Nuevo a Moscú semanas antes de la invasión rusa de Ucrania.
La situación ha llamado la atención de los funcionarios de seguridad, incluido el ex director de Sova, Rajko Kozmelj, quien ha advertido que las personas con acceso a figuras de alto perfil como el presidente podrían representar una amenaza para la seguridad nacional.
El ex juez constitucional Peter Jambrek ha sugerido que los estrechos lazos de Pirc Musar con ciudadanos rusos podrían socavar la integridad de la presidencia y violar el derecho internacional. Argumenta que tales relaciones podrían comprometer la soberanía del país y plantear preocupaciones éticas sobre la separación de la vida privada del deber público. A pesar de la creciente presión, Krivolucka se ha mantenido firme en su negación. En entrevistas con Mladina y otros medios de comunicación, ha declarado repetidamente que no es una agente de inteligencia y que su amistad con Pir Musar es genuina.
También ha destacado su independencia financiera, señalando que siempre ha pagado el alquiler de su apartamento en Eslovenia, a pesar de recibir el apoyo de Pirc Musar y su esposo en tiempos difíciles. El caso también ha reavivado las discusiones sobre la cuestión más amplia de la influencia rusa en la política eslovena.
A medida que continúa la investigación sobre el accidente de tráfico y asuntos relacionados, el gobierno se enfrenta a una creciente presión para proporcionar transparencia. La confianza pública en la administración ya ha sido sacudida por controversias anteriores, y este último desarrollo amenaza con profundizar la crisis. Con el escrutinio continuo de observadores nacionales e internacionales, el resultado de esta investigación probablemente dará forma al futuro de la política eslovena en los próximos años.
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