Este término, arraigado en el folclore nacional, sugiere que las grandes convulsiones tienden a ocurrir durante este tiempo. Desde golpes políticos hasta colapsos económicos y conflictos militares, agosto ha marcado repetidamente puntos de inflexión en el pasado moderno de Rusia. El período actual no es una excepción, con signos que apuntan hacia otro tramo turbulento para el país. A finales de la década de 1980, los comunistas de línea dura intentaron un golpe fallido contra el líder soviético Mikhail Gorbachev, desatando fuerzas centrífugas que finalmente condujeron a la disolución de la Unión Soviética. En agosto de 1998, Rusia enfrentó una crisis financiera que paralizó su capacidad para pagar la deuda interna y causó el colapso del rublo.
Un año más tarde, los militantes tomaron el control de la república del sur de Daguestán, provocando la Segunda Guerra de Chechenia, un conflicto que impulsó al ex oficial de la KGB Vladimir Putin al poder. Se convirtió en presidente el 31 de diciembre de 1999, después de que Boris Yeltsin entregara inesperadamente el liderazgo. Sin embargo, incluso Putin, que cultivó una imagen de fuerza y estabilidad, no fue inmune a la maldición de agosto. Uno de sus primeros desafíos se produjo en agosto de 2000, cuando el submarino nuclear Kursk se hundió con 118 marineros a bordo. En agosto de 2008, Rusia invadió Georgia, mostrando una política exterior más agresiva bajo Putin. Ahora, este verano parece estar configurándose como otro capítulo difícil para Rusia.
El progreso en Ucrania ha sido mínimo, mientras que los ataques ucranianos contra las refinerías de petróleo y los grandes centros de distribución han oscurecido los cielos sobre las ciudades rusas. Largas colas en las gasolineras y rumores de una nueva campaña de movilización han provocado frustración entre los rusos. ¿Es este otro Agosto Negro? Sin embargo, agregó que muchos rusos se acercan al mes con aprehensión, especialmente ahora, ya que el país enfrenta dificultades cada vez mayores. La escasez de combustible ha regresado, los precios continúan aumentando sin mostrar signos de estabilización, y el rublo continúa debilitándose. Las próximas elecciones se ciernen, y la incertidumbre sobre lo que está por venir aumenta la ansiedad pública.
Varlamov también citó declaraciones recientes de un destacado economista ruso advirtiendo que Moscú está enfrentando una "crisis social", perdiendo terreno tanto tecnológicamente como económicamente en el escenario global.
Según el artículo, tal alineación podría conducir a cambios sociales, cambios políticos en las relaciones con los vecinos y disturbios internos. Predijo un aumento de accidentes, mayor tristeza y fallas frecuentes, incluidos trastornos nerviosos. A pesar de estas previsiones ominosas, Putin ha seguido proyectando su habitual aura de confianza. Hablando a principios de esta semana sobre proyectos de infraestructura y desarrollo, el jefe del Kremlin reconoció el daño económico infligido por los ataques ucranianos a los almacenes del gigante minorista en línea Wildberries. Si bien no nombró directamente a la compañía, minimizó el impacto a largo plazo de los ataques.
"Está claro que estos ataques causan daño, esto es obvio, lo entiendo", declaró.
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