El sistema de justicia italiano ha sufrido una transformación dramática en los últimos años, cambiando su enfoque de la delincuencia juvenil de medidas centradas en la rehabilitación a un modelo más punitivo. Este cambio, a menudo referido como el "sistema de Maranza", ha estado marcado por disposiciones legales cada vez más estrictas destinadas a reducir la delincuencia juvenil a través de penas más duras y una mayor institucionalización. Según los informes, el número de menores y adultos jóvenes encarcelados en centros de detención juvenil ha aumentado considerablemente, con un aumento promedio de la población diaria de 382 a 588 entre 2022 y 2025.
Estas cifras reflejan una tendencia más amplia de endurecer el control sobre la mala conducta juvenil, que algunos críticos argumentan ha llevado a la marginación de los esfuerzos de rehabilitación.
Además, la severidad del castigo aumentó después de escapar de los programas basados en la comunidad, y una propuesta controvertida buscó hacer que las personas de 14 a 18 años sean directamente procesables sin evaluaciones individualizadas de madurez, colocando esta responsabilidad en los abogados defensores que pueden pagar tales servicios.
Los expertos argumentan que la detención es a menudo el último recurso, especialmente cuando faltan otros sistemas de apoyo. Los críticos señalan además que etiquetar a los jóvenes delincuentes con términos despectivos, como "Maranza", puede reforzar los prejuicios y el estigma, lo que hace más difícil involucrarlos de manera constructiva. El aumento de las tasas de encarcelamiento ha generado preocupaciones sobre la efectividad de esta estrategia.
En cambio, enfatizan la necesidad de estructuras de apoyo integrales que aborden las causas profundas de la delincuencia, como la pobreza, la falta de educación y la disfunción familiar. Un libro reciente titulado Dentro le Mura ofrece una mirada detallada al funcionamiento interno de estas instituciones, guiado por la jurista Antonella Inverno, que ha trabajado extensamente con Save the Children. El libro incluye entrevistas con seis jóvenes que han ingresado al sistema, proporcionando información cruda sobre sus experiencias.
Muchos describen crecer en barrios que se sienten como burbujas aisladas, donde la presencia del estado es mínima y las influencias negativas dominan. Hablan de la presión de los compañeros que lleva a la participación en actividades delictivas, a pesar de la renuencia personal, y de las familias que luchan con conflictos internos y la inestabilidad. Estos testimonios subrayan la importancia de la empatía y la comprensión en el tratamiento de la delincuencia juvenil. Los autores argumentan que la recuperación significativa comienza cuando tanto el estado como el individuo dejan de lado las nociones preconcebidas. Cuando el prejuicio se reemplaza con un compromiso genuino, los jóvenes comienzan a ver el valor en sus vidas y reconocen el potencial de cambio.
Esta perspectiva desafía el marco punitivo actual, lo que sugiere que el verdadero progreso requiere más que leyes más estrictas, exige un compromiso más profundo para apoyar a los jóvenes en su desarrollo. A medida que continúa el debate, el futuro del sistema de justicia juvenil de Italia sigue siendo incierto. Mientras que los responsables políticos presionan por medidas más estrictas, los defensores piden un retorno a los modelos de rehabilitación que priorizan el bienestar a largo plazo sobre el castigo inmediato.
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