Cincuenta y tres días después de lo que los funcionarios describen como una "breve estancia privada", el presidente Paul Biya de 93 años de Camerún ha permanecido ausente de la vista pública, alimentando especulaciones sobre su salud y gobierno. Su partida el 7 de junio a Suiza marcó la ausencia más larga registrada en su mandato de casi cuatro décadas, sin un calendario oficial para su regreso. La situación ha provocado murmuraciones entre los cameruneses, a pesar de las leyes que prohíben la discusión abierta de la condición del presidente.
En los últimos años, ha pasado un tiempo considerable en el Hotel InterContinental en Ginebra, un lugar a menudo vinculado a sus estancias en el extranjero. Esta última ausencia, sin embargo, ha llamado la atención debido a su duración sin precedentes. Los funcionarios del gobierno han ofrecido explicaciones variadas, creando confusión entre el público. René Emmanuel Sadi, el ministro de Comunicación, declaró que Biya está en buen estado de salud y trabaja de forma remota desde Ginebra.
En contraste con estas cuentas, el ministro de Trabajo, Grégoire Owona, enmarcó la ausencia como rutina, afirmando que Biya, al igual que otros trabajadores, tiene derecho a tomar vacaciones anuales. Señaló que el presidente había informado a su "empleador", una referencia metafórica al estado, antes de irse y lo haría de nuevo al regresar. Tales comentarios han hecho poco para calmar la preocupación pública, especialmente dados los casos anteriores en los que ausencias similares llevaron a especulaciones sobre la salud de Biya.
"Las figuras de la oposición han aprovechado la situación, destacando lo que afirman es un creciente vacío institucional". Criticó la noción de gobernar una nación a través de medios remotos, particularmente en medio de apremiantes problemas socioeconómicos como el desempleo, la inflación y la infraestructura inadecuada. Estos problemas afectan a la mayoría de la población de Camerún, que es predominantemente joven. La reelección de Biya en octubre del año pasado se produjo después de una polémica votación marcada por acusaciones de irregularidades y supresión de votantes. Mientras que el Consejo Constitucional rechazó las quejas de los grupos de oposición, muchos se negaron a aceptar los resultados, citando una mayor erosión de la confianza en los procesos democráticos.
Desde que asumió el cargo por octavo mandato consecutivo, Biya aún no ha nombrado un nuevo gobierno, lo que plantea dudas sobre la estabilidad de la administración antes de las próximas elecciones parlamentarias y municipales programadas para principios de 2027. La incertidumbre en torno al paradero y la salud de Biya ha intensificado las preocupaciones sobre posibles interrupciones en el calendario electoral.
Kohtem Sambit, secretario general del opositor Movimiento por el Patriotismo y la Prosperidad del Pueblo, acusó al gobierno de abusar de los fondos públicos. Se refirió a un préstamo de más de 21 mil millones de francos centroafricanos, supuestamente sancionado por Biya, y cuestionó cómo tales decisiones pueden justificarse sin la participación visible del líder. La falta de transparencia en torno a los asuntos financieros ha profundizado el escepticismo público sobre la responsabilidad del gobierno. A medida que los días se extienden más allá de los cincuenta y tres, los cameruneses continúan esperando claridad de sus líderes.
Por ahora, la nación observa, sin estar segura de lo que le espera, mientras la ausencia de su presidente más antiguo en el cargo arroja una larga sombra sobre su paisaje político.
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