La producción de Rade Šerbedžija de Rey Lear, escenificada con actores principales encontrados en plomo y antimonio, ha concluido en un momento en que entró en los años reales de Lear, y cuando Croacia, con venenos personales y besos de condado, con tazas de agua y prendas de plomo, se convirtió en idéntica a su reino. Este acto final se produjo durante un período marcado por un profundo conflicto interno y presiones externas, reflejando la trágica caída del personaje titular. La actuación terminó sin dejar nada atrás, ni legado ni esperanza. La narrativa explora la historia de un padre y tres hijas, y de un gobernante que encarnaba el pecado y la justicia, dependiendo de la perspectiva.
A diferencia de otros gobernantes de su época, que cayeron heroicamente en la batalla o perecieron en cruzadas, intrigas de la corte o traición de amigos, el rey Lear permaneció hasta el final. Su desaparición fue doble: el colapso de su mente y espíritu coincidió con la desintegración de su reino. En este sentido, los grandes imperios no terminan a través de fuerzas externas sino a través de la erosión de sus fundamentos internos, haciéndose eco del destino de sus gobernantes. En el mundo sin Dios, bajo el cielo vacío del norte del Mediterráneo, al final de un verano envenenado, la obra del rey Lear y el reino en desmoronamiento que retrata no ofrecen ni sabiduría ni consuelo.
El texto, tanto en el tema como en la ejecución, se erige como una de las obras más contemporáneas de Shakespeare. Es difícil imaginar qué pensamientos y emociones llenaron a la audiencia en el Teatro Globe durante algunas de las primeras representaciones del siglo XVII. ¿Y cómo continuaron viviendo después de una experiencia tan inquietante? La producción, que contó con actores principales cuyos cuerpos fueron encontrados en plomo y antimonio, llamó la atención no solo por su contenido dramático, sino también por las condiciones físicas de los artistas.
La elección de tales elementos reflejó un intento deliberado de reflejar el deterioro psicológico y físico representado en la obra. El director, conocido por su enfoque innovador de los textos clásicos, enfrentó considerables desafíos para dar vida a la tragedia de Shakespeare en un contexto moderno. Los críticos notaron que si bien la puesta en escena era visualmente sorprendente, la profundidad emocional de la actuación variaba. Algunos elogiaron la intensidad cruda de la actuación, particularmente en las escenas que involucran el descenso de Lear a la locura, mientras que otros cuestionaron la efectividad de ciertas metáforas visuales utilizadas para representar el declive del reino. La reacción del público a la producción fue mixta.
Mientras que muchos apreciaron las elecciones artísticas audaces, otros sintieron que la gran dependencia de los accesorios simbólicos perjudicó las sutilezas del diálogo. A pesar de estas críticas, el espectáculo atrajo a grandes audiencias, haciendo comparaciones con las experiencias teatrales clásicas. El uso de plomo y antimonio en los trajes y el diseño del escenario provocó discusiones entre los estudiosos del teatro, que debatieron si tales elecciones mejoraron o oscurecieron los temas centrales de la obra.
¿Seguirán las producciones que desafían las interpretaciones tradicionales, o habrá un cambio hacia una puesta en escena más convencional? Por ahora, el escenario permanece en silencio, salvo por los ecos de una actuación que buscó capturar la esencia de una tragedia atemporal.
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