En las bulliciosas ciudades de Karachi y Lahore, una nueva ola de DJs femeninas está remodelando el panorama de la escena musical de Pakistán. A pesar de la reputación de la nación por los valores conservadores, un número creciente de mujeres están entrando en el mundo tradicionalmente dominado por los hombres de la música electrónica, utilizando giradiscos como su plataforma para desafiar las normas y redefinir la expresión artística. Este cambio marca una transformación sutil pero significativa dentro de una cultura que durante mucho tiempo ha sido resistente al cambio en materia de género y entretenimiento. El surgimiento de estas DJs femeninas comenzó en silencio, a menudo en reuniones privadas o lugares subterráneos donde los riesgos de exposición pública eran altos.
Estas primeras actuaciones se llevaron a cabo en espacios ocultos, sótanos, almacenes e incluso casas, donde los límites de las expectativas sociales se hicieron a un lado. A medida que se difundió la noticia, grupos pequeños pero decididos de mujeres comenzaron a organizar eventos, creando una red de apoyo que les permitió experimentar con el sonido, el estilo y la identidad. Con el tiempo, estos esfuerzos ganaron impulso, lo que llevó a apariciones más visibles en festivales locales y fiestas al aire libre. Entre los pioneros se encuentra Ayesha Khan, una mujer de 27 años de Lahore que comenzó su viaje en 2023 al organizar noches secretas de mezcla en su apartamento.
Su trabajo rápidamente atrajo la atención, tanto a nivel local como en línea, donde ganó seguidores a través de plataformas de redes sociales. Del mismo modo, Zara Hussain, con sede en Karachi, utilizó su experiencia en ingeniería para desarrollar equipos de audio únicos, lo que le permitió producir sonidos que se diferenciaban de las ofertas convencionales. Ambas mujeres se han convertido en defensoras vocales de una mayor representación en la industria, enfatizando la importancia del espacio y la oportunidad para las mujeres en campos creativos.
Muchas de estas reuniones operan fuera de los marcos legales, haciéndolas vulnerables a las medidas represivas de las autoridades que consideran tales actividades como moralmente cuestionables. En los últimos meses, varios lugares subterráneos se han enfrentado a redadas, lo que obliga a los organizadores a trasladarse con frecuencia y mantener sus operaciones en secreto. Esta inestabilidad crea barreras para las aspirantes a DJs, que deben navegar no solo obstáculos técnicos y artísticos, sino también la amenaza siempre presente de censura y represión. El contexto cultural más amplio agrega otra capa de complejidad. Mientras que las élites urbanas en las principales ciudades están adoptando cada vez más la influencia global de la música electrónica, las áreas rurales continúan rezagadas.
Los valores tradicionales, particularmente en lo que respecta a la modestia y el comportamiento público, aún prevalecen en muchas partes del país, lo que dificulta que las mujeres obtengan aceptación en ciertos círculos.
Mientras tanto, las organizaciones internacionales centradas en los derechos humanos y la libertad cultural han comenzado a tomar nota, destacando la importancia de este esfuerzo de base como parte de una conversación más amplia sobre la igualdad de género y la autonomía artística.
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